American graffiti (1973)

  • American Graffiti - CartelEstados Unidos
  • Adolescencia
  • Dirigida por George Lucas
  • Escrita por Gloria Katz, Willard Huyck y George Lucas
  • Interpretada por Richard Dreyfuss, Ron Howard, Charles Martin Smith, Paul Le Mat, Candy Clark, Harrison Ford y Cindy Williams
  • 110 minutos

“Where were you in ’62?”

Son los tiempos de la posguerra en los Estados Unidos, del amplio bienestar y de la cultura del automóvil. Con esas, la noche cae sobre Modesto (California). Es una noche más para todos sus habitantes, excepto para cuatro jóvenes que forman parte de la generación del baby boom: Curt, Steve, John y Terry.  Ellos afrontan esta noche como si fuese la última de sus vidas. Es la dulce juventud la que parece marcharse, el adiós definitivo a los buenos tiempos. La vida continúa, pero ya nada será lo mismo. 

Dos de sus amigos están a punto de marcharse de la ciudad. El instituto ha terminado y ellos parten ahora hacia la universidad. Dicen “hasta pronto” a sus amigos, a sus familias, a él mismo. Sin embargo, Terry sigue ahí, anclado en el tiempo, perdido sin salir siquiera de Modesto. No es popular, tampoco atractivo. Las chicas le rehuyen, pero esta noche… todo va a cambiar. Su amigo Steve Bolander le ha prestado su coche. Puede, así, conducir, fanfarronear delante de las chicas. Y lo hace, a su manera, hasta toparse, casi sin querer, con uno de los tesoros de esta película: la rubia y risueña Debbie. “Peel out, I just love it when guys peel out” grita ella. Simboliza así, tan espontáneamente, el placer de los jóvenes de su tiempo: desenfreno acelerado que encuentra su razón de existir en los coches, el alcohol y el magreo por debajo de las faldas.  “Girls don’t pay – guys pay!” le lanza al tontorrón de Terry después de disfrutar de la famosa y divertídisima escena (calcada en Superbad, 2007) de la licorería. Él, con todo, lo ha logrado, ha disfrutado durante esta noche de la fantasía de la juventud: chicas, alcohol, coches y diversión. 

Cerca de allí anda John Milner, uno de los guaperas del lugar. Es un tipo duro, aunque de corazón blando. Mantiene su sangre en circulación gracias al flamante Ford ’32 amarillo que conduce. Tiene un punto triste en la mirada. Un poso de melancolía que aúna el adiós de sus amigos con el hecho de saber que él, probablemente, nunca saldrá de allí. Está condenado a vivir en Modesto, a ligar su nombre al de carreteras como Paradise Road. Aun así, piensa divertirse esta noche, montar a alguna chica en su coche para pasar un buen rato. Todavía no sabe, en cambio, que la inocente Carol será su acompañante y que, en consecuencia, tendrá que hacer de la paciencia su mejor virtud. Los Beach boys suenan en la radio y a él solo se le ocurre decir “I don’t like that surfin’ shit. Rock and roll’s been going down hill ever since Buddy Holly died.” Está hecho de otra pasta, heredero natural del James Dean de Rebel without a cause (1955) y predecesor, por qué no decirlo, de Danny Zucko en Grease (1978). No sabe siquiera si ha encontrado su lugar en el mundo, ni si lo máximo que le alcanzará a ofrecer la vida es el éxtasis que brinda la gasolina y las carreras urbanas. En todo caso, la noche podría haber sido peor. Se ha perdido con una niña que quería jugar a ser mayor. Y ha reído de lo lindo decorando con nata el coche de unas colegialas al ritmo (adivinen que canción lució en Regreso al futuro) de Johnny B. Goode

El amor, sin más. Es lo que representan Steve Bolander y su chica, Laurie. Él se marcha lejos, es su última noche juntos y ella se prepara para la añoranza. Sin embargo, conversando en el coche, todo cambia: “I thought, maybe before I leave, we could agree that… that seeing other people while I’m away can’t possibly hurt, you know” le cuenta Steve. ¿Cómo es posible? ¿Por qué todo tiene que cambiar? Laurie no necesita probar nada. No quiere estar con otros chicos. Solo quiere a Steve. Han crecido, el tiempo ha pasado y puede que se hayan hecho mayores, pero para ella una cosa sigue inalterable: el amor que siente por él. Se niega a decir adiós a la inocencia más pura, a la ensoñación que acompaña a los romances juveniles. Está triste y desolada. Una larga noche le espera. Una noche que cambiará para siempre su vida… y la de Steve. Este todavía no lo sabe, pero está a punto de tomar una de las decisiones más importantes que jamás antes ha tomado. ¡Ay, el amor! 

Curt Henderson, en cambio, no sabe qué hacer con su vida. Sí, ha llegado la hora de hacerse mayores, pero ¿cómo se hace eso? Duda entre marcharse o no a la universidad. Puede que el mejor plan para él sea no tener plan. Cada vez está más convencido de ello. ¿Por qué salir de Modesto? ¿Por qué dejarse arrastrar por la corriente? “¡Sal, abre tu mente, ve mundo!”, le dicen sus más cercanos. Anda meditabundo, charlando con Steve y Laurie en el coche. De repente, aparece la magia… “someone wants me. Someone roaming the streets, wants ME… Will you turn the corner?.” Una atractiva mujer ha llamado su atención. Está en el coche de al lado y se dirige a él. Todo sucede en una décima de segundo, y la chica desaparece. Qué desconcertante situación. ¿Quién será ella? Puede que sea en esto en lo que piensa mientras camina solitario, y con cierta nostalgia, por los pasillos de su instituto. No le apetece ir al baile de graduación. En realidad, no sabe lo que quiere. Es joven, pero tiene que crecer, casi a la fuerza, y comenzar a tomar decisiones. ¿Por qué? La noche será larga para él, prendido a la belleza de esa extraña chica con la que fugazmente se cruzó. “You’re the most beautiful, exciting thing I’ve ever seen in my life and I don’t know anything about you.” Es la épica de la incertidumbre la que lo tiene contagiado.   

Cátedra sienta George Lucas gracias a American Graffiti. Las películas sobre adolescentes encontraban un antes y un después en 1973, fecha de estreno de este inolvidable film. Ya nada volvería a ser lo mismo.  Esa noche de verano de 1962, la última noche, era un poema escrito desde la nostalgia. Los versos tomaban forma de cafetería, de automóvil, de camarera con patines. Mientras tanto, la fotografía y elsoundtrack engalanaban esta postal repleta de dudas, miedos y sentimiento. Los protagonistas eran unos jóvenes que no querían dejar de serlo, que no querían hacerse mayores. Ellos solo querían disfrutar de esa última noche. 

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