Touch of evil (1958)

  • touch-of-evil-posterEstados Unidos
  • Cine negro
  • Dirigida por Orson Welles
  • Escrita por Orson Welles (Novela: Whit Masterson)
  • Interpretada por Charlon Heston, Janet Leigh, Orson Welles y Marlene Dietrich
  • 108 minutos 

“He was some kind of a man. What does it matter what you say about people?” 

Es una noche calurosa. Al menos, así se siente mientras ves pasear a Charlton Heston, es decir, al policía mexicano Vargas, junto a su recién y enamorada esposa, Janet Leigh, en la que es una de las escenas más antológicas de la historia del cine. Un prólogo, pues, sobresaliente en el que dos transeúntes caminan por la zona fronteriza entre México y los Estados Unidos. El trasiego de la gente define la idiosincrasia del lugar hasta que, de pronto, todo se torna en caos: un coche acaba de saltar por los aires. Dos personas fallecidas en misteriosas circunstancias. Por avatares del destino, Vargas y su esposa, metidos de lleno en una titánica pelea contra la familia Grandi, la familia que controla el negocio lugareño de la droga, se verán ahora salpicados por la investigación de este asesinato. Demasiados dolores de cabeza para la que se suponía una noche cálida y apacible.

Orson Welles escribe, dirige e interpreta con maestría Sed de mal. Es una película asfixiante, tejida laboriosamente y envuelta en una angosta atmósfera de la que difícilmente logras escapar. El choque de caracteres entre Welles y Heston, dos policías cuyos métodos de investigación se encuentran en las antípodas, es, sin duda alguna, el plato fuerte del film. La película hilvana así una pelea larga, sudorosa e infatigable. El intercambio de golpes es terrible, alcanzando su cénit en una escena, la de la indefensa Janet Leigh rodeada de maleantes en una habitación de hotel, que se convierte en una auténtica pesadilla terrenal.

La honradez de Charlton Heston levanta tras de sí un paisaje lleno de enemigos, de hienas dispuestas a hincarle el diente a la más mínima oportunidad. El escarnio inicial de Orson Welles, dando vida, como digo, al inolvidable capitán Quinlan, deriva progresivamente en una inquietante caza de la que el astuto policía mexicano deberá zafarse. Son dos almas contrapuestas, dos maneras de entender la vida. La lucha psicológica entre ambos, por tanto, es una de las grandes bazas de este film. Tanto como el sobresaliente pincelado dado al personaje de Quinlan, un hombre melancólico y crepuscular -brillante, en este sentido, la aparición de Marlene Dietrich– al que, más que importarle los medios, tan solo le interesaba el fin. Lástima para él y sus dudosos métodos que anduviera por allí el estricto Charlton Heston.       

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