From here to eternity (1953)

  • from_here_to_eternity_ver2_xlgEstados Unidos
  • Drama
  • Dirigida por Fred Zinnemann
  • Escrita por Daniel Taradash (Novela: James Jones)
  • Interpretada por Montgomery Clift, Donna Reed, Burt Lancaster, Deborah Kerr y Frank S¡natra
  • 113 minutos

Pocas cosas le faltan a esta película. Un clásico que aún hoy, unos sesenta años después de su estreno, todavía sorprende y agrada. De aquí a la eternidad es un relato espléndido, bien hilvanado, dirigido maravillosamente y, sobre todo, interpretado de una manera fabulosa. La descripción queda cargada de calificativos positivos, pero no hay ni uno de ellos que no sea merecido.

La vida castrense es la excusa idónea para que Fred Zinnemann pule esta joya de historia. La idiosincrasia de los personajes, con su fuerte temperamento y carácter, se impone sobre la pequeña pantalla. Luce como el mejor de todos un Montgomery Clift sobrio y férreo. Su papel, el de Prewitt, representa la esencia de este film: lealtad y tristeza. Apenas hay notas de alegría en sus fotogramas, más allá de ese oasis en el desierto que supone su historia de amor con la guapísima Donna Reed. Él es el mejor cornetista del ejército, un fiable soldado y, también, un boxeador con puño de hierro. Sin embargo, ha terminado en un campamento de Hawaii como soldado raso, aislado y vilipendiado por sus compañeros, pero fiel tanto a sus ideas como a su forma de entender la vida. Encuentra abrigo en la amistad que le brinda Frank Sinatra (Maggio), en la ternura de Lorene (o Alma) y en la honradez de Burt Lancaster. Este último complementa, con otro matiz amargo, el paisaje de sinsabores en el que se convierte este colosal relato.

Deborah Kerr es la última nota de esta melodía. Representa la incomprensión y distancia que existe entre la vida civil y la militar. Parece atrapada e impotente ante la realidad que le propone su marido, un mujeriego y borracho capitán. Solo encuentra un fugaz cobijo entre los brazos de su amante, en una soleada playa del Pacífico. Todo, en el fondo, es pasajero. Y es que tanto Lancaster como Clift están ligados, para desgracia de sus chicas, al ejército. Es el mensaje de patriotismo y honor que esconde este film, eclosionado en todo su esplendor con el ataque japonés a Pearl Harbor. La ilusión del amor, de un futuro mejor, queda guardada en un dulce recuerdo que jamás volverá. La eternidad que ha pincelado Zinnemann hace honor precisamente a eso… una película eterna.          

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