Underground (1995)

  • undergroundYugoslavia
  • Cine político
  • Dirigida por Emir Kusturica
  • Escrita por Dusan Kovacevic y Emir Kusturica
  • Interpretada por Predrag Manojlovic, Mirjana Jokovic, Lazar Ristovski y Slavko Stimac
  • 170 minutos 

Un par de comunistas yugoslavos recorren las calles de su ciudad durante la noche, borrachos perdidos, felices y alegres. La banda de música les acompaña y los rebeldes disparos suenan. Es el año 1941 y las bombas alemanas caen sobre Belgrado a la mañana siguiente. Marko disfruta del bombardeo en compañía de una rolliza prostituta. Ivan, mientras tanto, trata de rescatar del fuego y las ruinas a los animales del zoológico. Y Blacky huye de su esposa para cortejar a su amante, la estupenda Natalija. Todos le sonríen, a su manera, a la barbarie nazi. Es el fabuloso prólogo con el que abre esta fabulosa película: Underground.

Emir Kusturica no hizo muchos amigos con ella. Al menos, en su propio país. Lanza así una mirada sobre sí mismo, sobre su pueblo, sobre Yugoslavia. El papel de los partisanos durante la II Guerra Mundial, el régimen del Mariscal Tito y la guerra fraticida que hizo saltar en mil pedazos a aquello que decía llamarse Yugoslavia. El amor es el recurso empleado por el cineasta para darle agilidad a esta epopeya dramática. Así, Lazar Ristovski lucirá espléndido en su representación de enfermo enamorado. Igual que Predrag Manojlovic, su amigo y rival en la pelea por el corazón de la guapísima Mirjana Jokovic. A esta tanto le da la compañía de un coronel alemán, de un temperamental partisano o de un intelectual comunista. Suele apostar a caballo ganador.

Y entre tanto corazón roto, entre tanto bombardeo y tanta violencia, Kusturica colocará el poder de la sonrisa, la alegría desenfrenada que todo lo puede. Es la música de un genial Goran Bregovic que no deja de sonar, son las canciones populares que todos cantan, es la embriaguez del alcohol… es el caos hecho diversión, el drama convertido en comedia. La narración se agarra al esperpento, a la burda exageración, al barroco más desenfrenado y aparece, de esta forma, la clave del film: la vida, durante 21 años, en un sótano. Escondidos, agazapados, borrachos y enamorados. Tanto engaño, tanta perversión, tanta traición, tanto dolor… y todo, en el fondo, por amor.

Genial metáfora de Emir Kusturica. Pincela así una nostálgica postal sobre su propia tierra. Escondido entre la corte de sinvergüenzas y libertinos que protagonizan este film, se impone un ácido y crítico relato sobre la guerra, sobre la política, sobre los nacionalismos y sobre la infinidad de desalmados (señores de la guerra y Naciones Unidas, incluidos) que desangraron, poco a poco y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, a este país. Nadie se salva de la quema: Kusturica solo encuentra culpables en este naufragio. La simulada diversión y la eterna sonrisa del film desprende una tensión interior -brutal el sótano y el trío protagonista- que terminan en una catarsis de imposible predicción posterior. Underground es la mayor y más trágica de todas las fiestas. Una obra maestra.       

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