Generation Kill (2008)

David Simon: Generation Kill (2008). Estados Unidos. Talentosa miniserie sobre la horrorosa guerra de Iraq. Escrita por Evan Wright, David Simon y Ed Burns. Interpretada por James Ransome, Alexander Skarsgård y Stark Stands. 7 episodios, 70 minutos aproximadamente. 

Saltémonos la parte en la que todo lo que escribe (y filma) David Simon alcanza, por sí solo, el rango de majestuosidad. Ni cocina a fuego lento ni combustión pausada. No hay metáfora que valga: esta obra, Generation Kill, no alcanza (ni de lejos) el nivel de The Wire, y anda a dos pasos de distancia de otros trabajos como The Corner (2000) y Treme (2010). Dicho esto, no caigamos en el extremo opuesto, pues lo que sí hace Simon es destripar con lucidez y mala sangre -le falta emotividad, aspecto que sí contenía En el valle de Elah (In the Valley of Elah, 2007)- la infame guerra de Iraq. 

Cuando George W. Bush decidió enviar un ejército formidable para destruir un país no tan formidable, se escribió uno de los capítulos más desvergonzados de la historia contemporánea (inclusive la de los Estados Unidos). Las armas de destrucción masiva fueron el pretexto para encarrilar un par de asuntos primordiales en la estrategia republicana: uno, a corto-medio plazo, llenarse los bolsillos con el petróleo (buena parte de la Administración Bush estaba inmersa en el accionariado de las Siete Hermanas); otro, a medio-largo plazo, escalar un punto en la estrategia orientalista que situaba ahora su atención (decaída un tanto Rusia y con China reconvertida a socia capitalista) en el Golfo Pérsico. También, en un rezagado tercer lugar, seguir dando de comer a la gigantesca industria militar norteamericana. Total, allí que se fueron a hacer la guerra.

En el camino, dejaron un país sometido al caos y a la anarquía. Reventaron por reventar Bagdad. ¿Luego qué? La falaz invasión por la libertad queda retratada en los fotogramas de esta obra. Solo se percibe desasosiego y frustración entre las líneas estadounidenses. También impotencia entre la ciudadanía iraquí: el campo de batalla no engaña. Todo es muy turbio e indigno. Puede que una vestimenta militar justifique el horror, pero tu conciencia no escapa tan fácil de él. Brutal, en este sentido, el personaje de James Ransone. Más miedo todavía da la cantidad de idiotas (y psicópatas) que se cuelan en las filas militares estadounidenses. Los crímenes (o actos de guerra) impunes hieren solo de verlos. En este sentido, los personajes están muy bien perfilados: el choque de caracteres, aunque sutil, está presente sin interrupción. Además, son humanos. Cada uno lanza su mirada sobre el asunto. Y todas ellas, por un motivo u otro, producen terror.

El relato destila una frialdad intencionada. La instantánea de Simon capta la guerra del siglo XXI, le pone nombre a los protagonistas mientras extrapola a estos -sin salir del desierto- a las calles estadounidenses: ¿qué tipo de sociedad -nacional e internacional- estamos creando? Diálogos, imágenes y reflexiones que apuntan entonces con tirachinas para avivar la conciencia del espectador y constatar, además, lo ya sabido: Bush y sus amigos son unos criminales.    

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