Buongiorno, notte (2003)

Marco Bellocchio: Buenos días, noche (Buongiorno, notte, 2003) Italia. Drama político. Escrita por Marco Bellocchio y Daniela Ceselli. Libro de Anna Laura Braghetti y Paola Tavella. Interpretada por Maya Sansa, Pier Giorgio Bellocchio, Luigi Lo Cascio, Giovanni Calcagno y Roberto Herlitzka. 106 minutos.  

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Una pareja de jóvenes visita una espaciosa casa en Roma. Tiene una terraza preciosa. Quieren dar forma a su hogar. Al menos, eso tratan de aparentar. La realidad es otra conforme a los dictados internos de Chiara, la protagonista a quien da vida una Maya Sansa presa del tormento. Aldo Moro ha sido secuestrado y entre las paredes de ese hogar se levanta una nube de prisiones. Todos, a su manera, están encerrados. El cineasta, Marco Bellocchio, decide revisar la historia reciente italiana. Continúa con el paisaje que tiempo antes había pincelado Bernardo Bertolucci en Novecento (íd., 1976). La infatigable lucha por el poder sigue rompiendo los quietos hábitos de la sociedad italiana. No solo es la política corrupta italiana. Tampoco las vertebras de la Cosa Nostra siciliana o la Camorra napolitana. Ahora es el turno de las Brigate Rosse. Soñadores al comienzo, fascistas tiempo después. Asesinos de carne y hueso: enamorados como Pier Giorgio Bellocchio, reflexivos como Luigi Lo Cascio o atentos con la naturaleza como Giovanni Calcagno. Este último se preocupa por los canarios que animan el espacio de terror en el que habitan. Todos ellos se santiguan antes de cada comida. Y se refugian en la amistad, en la familia. Tienen el poso que acompaña a cualquier italiano. ¿Por qué este horror entonces? Es la cuestión que rodea al film y, especialmente, a la protagonista del mismo. ¿Puede la libertad defenderse a través del terrorismo? Ella observa como su padre canta orgulloso, recordando las luchas por la libertad de los partisanos. Mientras, ella se oculta entre temores y remordimientos. Cada palabra que pronuncia Roberto Herlitzka hace más daño que la anterior. Han caído en una contradicción terrible. Las utopías libertarias son asaltadas por el ocultismo brigadista. La figura de Aldo Moro camina, solitaria y al amanecer, por las calles de Roma. Intenta escapar de la pesadilla para refugiarse en lo idílico. Bellocchio ha saludado a la noche, aunque prefiere quedarse con la luz de la mañana.          

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