You Can Count on Me (2000)

Kenneth Lonergan: Puedes contar conmigo (You Can Count on Me, 2000) Estados Unidos. Comedia dramática. Escrita por Kenneth Lonergan. Interpretada por Laura Linney, Mark Ruffalo, Matthew Broderick y Rory Culkin. 

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Un accidente de tráfico cambia para siempre la vida de Sammy y Terry, dos niños huérfanos desde entonces. Es la única pincelada que el cineasta, Kenneth Lonergan, nos da respecto al pasado de los protagonistas. Enseguida viajamos al presente, a Scottsville, en la costa este estadounidense. Un lugar donde, aparentemente, no sucede nada. Vence la cotidianidad. Y ahí está aquella niña, madre soltera ahora: Laura Linney. Cada uno de los gestos de esta evoca a la sinceridad más pura. Su personaje desprende una humanidad creíble y veraz. Trabaja (monotonía incluida) en una oficina bancaria y ejerce de madre modélica. Se amolda al pensamiento religioso y entraña (un tanto) la tradición: ¿por qué seguir sola? Así, aparece la revolución: Mark Ruffalo, su hermano, otro solitario con ganas de tomarse un respiro.

Polos opuestos. Choca la anarquía de este con la estabilidad de aquella. Se divierte el cineasta con la guerra de caracteres, sirviéndose principalmente del hijo/sobrino para todo ello: un correcto Rory Culkin. Así que donde no pasa nada, ocurren (de pronto) cosas: el guion prescinde, por suerte, de los grandes momentos. Aun así, el tambaleo sentimental/sexual de una religiosa como Linney otorga un punto cómico que engrandece la figura de Matthew Broderick. Todo se alterna con la complicidad gamberra entre el tío y el sobrino, en la que los tintes dramáticos alcanzan su mayor expresión. No hay caramelo en la narración, pues esta emociona sin sensiblería. La soledad de ambos es entrañable. Así, queda una fotografía sobre otra Norteamérica, más minoritaria, en la que se rompen los moldes de la clase media estadounidense. Todo parece estar en su sitio, incluido el afecto que se profesan el uno por el otro: magistral escena final. 

Love & Mercy (2014)

Bill Pohlad: Love & Mercy (íd., 2014) Estados Unidos. Biopic musical sobre Brian Wilson. Escrita por Oren Moverman y Michael A. Lerner. Fotografía de Robert D. Yeoman. Música de Atticus Ross. Interpretada por John Cusack, Paul Dano, Elizabeth Banks y Paul Giamatti. 121 minutos. 

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Son los años 60 y el sol parece brillar como nunca en California. Los Beach Boys están en el candelero: el punto surfer engancha a los más jóvenes. Es la estética del pop, auténtica revolución, socavando la puritana mentalidad norteamericana. Desde las islas, igualmente, llegan los Beatles con el Rubber Soul (1965). Parecen siempre un punto por delante. Justo ahí, llega la admiración, la creatividad y el reto. Todo ello tiene nombre, Brian Wilson. Le importa un rábano la gira en Japón y las chicas de por allí. Tiene un universo musical pululando en su cabeza. Y quiere dejarlo salir. Es la soledad del genio. También la locura. Va a rebatir al cuarteto de Liverpool: ahí está el Pet Sounds (1966). Tanto Oren Moverman como Michael A. Lerner cierran un guion sublime recreando la época y el momento. Acompaña, a su vez, la enérgica y fresca puesta en escena de Bill Pohlad, apoyada en una factura artística de primer nivel. Paul Dano destaca en un papel que le viene como anillo al dedo: inicia la explosión autodestructiva. La narración compagina los (esplendorosos) años sesenta con los (depresivos) ochenta. Aquí están las consecuencias de la detonación. Brilla un fantástico John Cusack. El artista queda atrapado en su propia tela de araña. Desquiciado, abatido, vulnerable… y romántico. Por eso conoce a Elizabeth Banks, el amor y la misericordia. Con ella -colosal en su actuación- se inicia el intercambio de golpes frente a Paul Giamatti, villano de la narración. Así que entre la autodestrucción y la opresión se mueven los fotogramas de esta preciosa película que, al final, cumple con su principal cometido: rendir tributo a la liberación del genio.      

Inside Out (2015)

Pete Docter y Ronnie Del Carmen: Del revés (Inside Out, 2015) Estados Unidos. Animación. Escrita por Pete Docter, Meg LeFauve y Josh Cooley. Música de Michael Giacchino. 94 minutos.

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El día que venció la tristeza, surgió esta maravillosa historia. No hubo héroes en la batalla ni poetas que le escribieran. Hasta que apareció Pete Docter, héroe y poeta. Ya se había lucido tiempo atrás con la vitalista Up (íd., 2009), y en la misma línea se manifiesta este film. Ayuda Ronnie Del Carmen, codirector. Son cinco las emociones que vertebran su alegato: Temor, Asco, Furia, Alegría y Tristeza. La empatía hacia ellas es total. Están en la mente de cada uno de nosotros. La representación de nuestro Yo interior es fabulosa. Un viaje animado de primer nivel. Por eso -porque se parece mucho a cada uno de nosotros- caigo rendido frente a Riley, la joven protagonista. Apenas 12 años de vida en la fría (pero hogareña) Minnesota y, de pronto, una mudanza a San Francisco. Trauma. Qué relativo se vuelve todo, nos cuenta el (¿perfecto?) guion de Pete Docter, Meg LeFauve y Josh Cooley. Las amistades, el hockey, las travesuras… los recuerdos se tiñen de melancolía. Y se luce con la música Michael Giacchino. La película juega, literalmente, con las emociones. Es un libro abierto. Genial es la representación de la memoria y, también, cómo de volátiles se tornan los recuerdos. Es la mano de Tristeza bañándolo todo de azul. Porque sí, la niñez -tan soleada- pierde color con el paso de los días. La Alegría es como el comer, aprenden los niños. Pero la Tristeza es el abrigo necesario en una noche de invierno. Así que se entienden entre ellas. Y aparece esa bola medio azul medio amarilla. Es la nostalgia, nueva compañera de viaje, quien le da forma al mensaje con el que abría esta reseña. Se despide de la infancia de una forma sentimental, graciosa y entrañable. Conviene enamorarse de la magia que, al final, resulta vivir. 

Where the Wild Thing Are (2009)

Spike Jonze. Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are, 2009) Estados Unidos. Fantástico. Escrita por Spike Jonze y Dave Eggers. Cuento infantil de Maurice Sendak. Fotografía de Lance Acord. Interpretada por Max Records, Catherine Keener y Mark Ruffalo. 101 minutos.

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A Max Records le gusta jugar. Ha construido su propio iglú en el jardín, sin saber que los amigos de su hermana se lo van a echar a perder. Y también una fortaleza en su habitación, aunque a nadie le importe. Le cuenta -y no al revés- historias fantásticas a su madre, Catherine Keener. En el fondo, se siente demasiado solo: extraña a su padre, no parece tener amigos, su hermana mayor le desoye y, su madre, está más pendiente de acurrucar a Mark Ruffalo que de él mismo. Así que se enfada, grita y corre. Vuela, al mismo tiempo, su imaginación. Y surca océanos entre tormentas. Llega a una tierra donde habitan las bestias, lugar en el que vencen la tristeza y la soledad. Los monstruos de por allí duermen al sol y discuten de noche. Él, sin embargo, promete arreglarlo todo: es el nuevo Rey. All Is Love canta Karen O and the Kids. Indispensable soundtrack. Ahora parecen felices, incluso Carol, la temperamental criatura que tanto se asemeja a Max. Pronto, sin embargo, se desmorona todo. Vuelve la inseguridad. ¿La felicidad no puede ser para siempre? A pesar de los enfados y de las desilusiones, aúllan juntos. Es el afectuoso adiós con el que la fantasía vuelve a la realidad. Luce la fantasiosa fotografía de Lance Acord. Y allí está su madre, esperándole con lágrimas en los ojos. Spike Jonze pincela su refugio contra la tristeza, contra la soledad. Vence, aunque sea fugazmente, la felicidad.    

Me and Earl and the Dying Girl (2015)

Alfonso Gomez-Rejon: Yo, él y Raquel (Me and Earl and the Dying Girl, 2015) Estados Unidos. Cine teenager. Escrita por Jesse Andrews. Interpretada por Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler y Jon Bernthal. 105 minutos. 

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Sobrevivir en el instituto. Es el lema de Greg, o de Thomas Mann, adolescente inquieto y avispado que juega con su mascarada entre los pasillos y aulas. Busca la indiferencia. Su refugio es el despacho de Jon Bernthal, profesor de Historia, y la compañía de su mejor amigo RJ Cyler, Earl en la película. La autoestima no es su fuerte. Su pasión por el cine -genial homenaje de Jesse Andrews– es su maniobra de escape para cualquier atisbo de preocupación. Pasan los días y recoge sus marginales frutos. Todo, sin embargo, se desbarajusta con la aparición de Rachel, la chica moribunda. De pronto, deja de ser invisible. Una llamada basta para cambiarlo todo. Se luce Olivia Cooke, fabulosa. La puesta en escena de Alfonso Gomez-Rejon, fresca y efusiva, alaba el valor de la amistad y la compañía. Saltan los diálogos naturales. Es así como una noticia tan cruel -leucemia en una adolescente- deriva en un precioso y conmovedor regalo. El drama -que lo hay- viene solo, sin sensiblería ni efectismo alguno. Al final, esto no va sobre una chica enferma… pues el tema en sí es retratar la adolescencia con inteligencia, diversión y afecto.  

The Town That Dreaded Sundown (1976)

Charles B. Pierce: Terror al anochecer (The Town That Dreaded Sundown, 1976) Estados Unidos. Terror. Escrita por Earl E. Smith. Fotografía de James W. Roberson. Interpretada por Ben Johnson y Andrew Prine. 90 minutos. 

Basada en hechos reales, la película sitúa su atención en el año 1946, en Texarkana, pequeña población del Estado de Texas. Después de los grises días que acompañaron a la guerra, ahora luce el sol como nunca por allí. Los habitantes comienzan a recrearse en el bienestar. Todo son sonrisas: crece el empleo, los jardines están más verdes que nunca y los coches se venden con facilidad. El guion de Earl E. Smith pincela perfectamente una sociedad que es, a la postre, inmortalizada notablemente por la fotografía de James W. Roberson. De pronto, sin embargo, irrumpe el shock. Una pareja de jóvenes sale del cine al anochecer. En lugar de marcharse a casa, deciden estacionar en una lover’s lane… Postal típica del cine de terror norteamericano. Aparece el villano y los gritos. Es el Phantom Killer, precursor -en cuanto a estética- del Jason Voorhees de Viernes 13 (Friday the 13th, 1980). Tenemos aquí un slasher tan atípico como precursor. La historia se zambulle así en los entresijos de una investigación policial que busca resolver la identidad de uno de los asesinos en serie más temidos en el imaginario estadounidense. Y lo hace sin grandes dosis de efectismo, decantándose Charles B. Pierce, director de la cinta, por el realismo en su puesta en escena. Tanto Ben Johnson como Andrew Prine guían un inquietante relato que atesora ciertas flaquezas narrativas, tanto en labores de guion como de puesta en escena. Vence, en cualquier caso, el terror frente al desamparo. 

Adaptation. (2002)

Spike Jonze: Adaptation. El ladrón de orquídeas (Adaptation., 2002) Estados Unidos. Película inclasificable que habla sobre lo difícil que es escribir… y vivir. Escrita por Charlie Kaufman y Donald Kaufman. Novela de Susan Orlean. Interpretada por Nicolas Cage, Meryl Streep, Chris Cooper, Cara Seymour, Tilda Swinton, Brian Cox y Maggie Gyllenhaal. 114 minutos. 

Te sientas frente a la máquina de escribir. Te sientes patético. No te gusta tu vida. Pero tienes que escribir, pues eres guionista de cine. Tu nombre, imagínate, es Charlie Kaufman. Y escribes una historia sobre las plantas, aunque no le encuentras el dramatismo a la historia. ¿Cómo emocionar, cómo darle vida? Brian Cox responde vehemente: todos los días sucede algo. Hasta el introvertido de Charlie Kaufman, digo Nicolas Cage, tienes sus historias. Aunque no las ve. Se siente igual de patético. También gordo. Le irrita hasta la figura de su propio hermano gemelo, Donald Kaufman. ¿Por qué no se atreve a decirle a Cara Seymour que la quiere? En fin, es un mar de complejos. Y sigue teniendo que escribir sobre plantas y orquídeas. Por eso están en la pantalla Meryl Streep y Chris Cooper, inmensos ambos, escenificando lo mutable que es la vida. Es la “adaptación”. Ya tenemos título. Tú aguantas ahí, cómplice. Así que le quitamos capas a la cebolla. El descontento existencial se baña en las inquietantes aguas del asesinato. ¿Qué ha sucedido? La comedia patética sobre el hombre solitario del siglo XXI se transforma, sin previo aviso, en puro romanticismo. Es la flor que crece en el asfalto. Todo parece feliz, por fugaz que sea. Lo ha hecho Spike Jonze: tiene una película de fábula.