Le Samouraï (1967)

Jean-Pierre Melville: El silencio de un hombre (Le Samouräi, 1967) Francia. Abrasador Neo-noir. Escrita por Jean-Pierre Melville y Georges Pellegrin adaptando la novela de Joan McLeod. Interpretada por Alain Delon, Nathalie Delon y Caty Rosier. Fotografía de Henri Decae. 105 minutos. 

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Un pájaro pía sin fin. Transmite vida en un sitio sin ella: una habitación barata donde las ventanas pierden la batalla con la oscuridad. La humedad y la tristeza de este espacio saltan más allá de la pantalla. La silueta de un tipo hierático protagoniza la imagen. La puesta en escena de Jean-Pierre Melville es del todo hipnótica. Comienza así a escribir los primeros versos de este poema dedicado a la soledad más solemne. Alain Delon asusta con su mirada. Nunca sonríe. Sicario de profesión, se encarga de limpiar los trapos sucios del hampa parisina. La fotografía de Henri Decae encuadra de esta forma el hermetismo que le acompaña: el sombrero, la gabardina, las calles desangeladas y el fuego cruzado. El guion es una maravilla al subrayar la épica de la soledad, con esa lucha avasalladora del protagonista contra todos, perseguido por policía y mafia. Mantener la coartada en pie exige un fatigoso esfuerzo. Tanto como ajustar cuentas con el enemigo. Se atisba el paraíso -íntimo refugio- en los ojos de Nathalie Delon, pero este es del todo fugaz, como un oasis en el desierto. La turbia mirada que entrelaza con la pianista y femme fatale por excelencia del film, Caty Rosier, le da nitidez al asunto. Tiene escrito su final soñado. La idiosincrasia de Jeff Costello se esculpe con mano artesanal. El autor sigue los cánones del cine negro para rendir un homenaje que se convierte, al final, en una monumental obra del género. 

L’eclisse (1962)

Michelangelo Antonioni: El eclipse (L’eclisse, 1962). Italia. Trilogía de la incomunicación. Escrita por Tonino Guerra, Michelangelo Antonioni y Elio Bartolini. Interpretada por Alian Delon, Monica Vitti y Francisco Rabal. Fotografía de Gianni di Venanzo. 126 minutos. 

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Un minuto de silencio en la bolsa de Roma… ¡qué locura es esta! piensa Alain Delon. La broma cuesta varios millones de liras. Cacarean, sudan y se empujan entre ellos. Es el gallinero de las finanzas. De allí sale un tipo que ha perdido cincuenta millones. Un mal día que arregla dibujando flores en una servilleta. Lo observa Monica Vitti, quien pasea por la ciudad tratando de encontrarse. Visita a su madre, a su amiga. Mientras tanto, olvida a Francisco Rabal, su último amor. Un libro, una catedral o un hombre, todo le parece lo mismo. ¿Conocerá algún día al chico de su vida? Todos parecen igual de perdidos que ella. Michelangelo Antonioni realiza una puesta en escena espléndida. Si uno pierde… ¿quién gana? Le pregunta ella al arrogante francés. No entiende nada. Tampoco lo entiende a él. La artificialidad vence. Se abrazarán, aunque sus miradas no se conecten. Quedarán a la misma hora y en el mismo lugar, pero ya nadie aparecerá. La fotografía de Gianni di Venanzo recoge ese vacío. El paisaje burgués, la geografía urbana y el silencio hablarán, una vez más, sobre la soledad.