I confess (1953)

  • i_confess_ver2_xlgEstados Unidos
  • Intriga
  • Dirigida por Alfred Hitchcock
  • Escrita por George Tabori y William Archibald (Novela: Paul Anthelme)
  • Interpretada por Montgomery Clift, Anne Baxter y O.E. Hasse
  • 95 minutos

Son las once de la noche. Quizás las once y cuarto. El sacerdote Logan medita tranquilo en su rectoría. Otra jornada de dudas y de reflexiones se marcha. Son muchos los acertijos que tiene por resolver en su interior. Parece querer decir adiós cuando, de repente, le interrumpe O.E. Hasse. Quiere confesarse, confesar… un asesinato. ¿Cómo actuar a partir de entonces?

Película menor en la filmografía de Alfred Hitchcok que, aún así, atesora distintas virtudes. Una de ellas es la aparición de Montgomery Clift. Este brinda un recital al encarnar la fuerte idiosincrasia que acompaña al sacerdote Logan, un hombre de profundos valores y remarcado carácter. Atrapado en su jaula de secretismo y lealtad, su hermética mirada le basta al maestro británico para levantar una polvareda de inquietud e intriga que termina por estallar en la figura de Anne Baxter

El amor de un pasado mejor se erige como la verdadera sorpresa de esta narración. Un giro inesperado al que, en todo caso, se le suma la no claudicación ante la delación, el linchamiento público frente al acusado, la robustez de la investigación policial y, finalmente, la alargada sombra del asesino. Todo queda combinado para enderezar una entretenida película cargada de tensión y silencio. Conseguida.  

All about Eve (1950)

  • all-about-eve-movie-poster-1950-1020458799Estados Unidos
  • Drama
  • Dirigida por Joseph L. Mankiewicz
  • Escrita por Joseph L. Mankiewicz
  • Interpretada por Bette Davis, Anne Baxter, George Sanders, Celeste Holm, Gary Merrill, Hugh Marlowe, Marilyn Monroe
  • 138 minutos

“Peace and quiet is for libraries!”

Imagino que más de una pájara ya se había cruzado en la vida de Mankiewicz cuando, en 1950, decidía estrenar una de las películas más contundentes que se ha hecho sobre el universo femenino: la de Eva, Eva al desnudo. Aunque, en realidad, esto no va -en exclusiva- sobre las mujeres, pues el arribismo es un oficio que no entiende de género. Y puede que incluso, según la cínica y mordaz mirada que lanza Mankiewicz al universo que le rodea, sea considerado toda una cualidad en el mundo del cine.

Anne Baxter no pone límite a su ambición. Busca la fama, la gloria… a cualquier precio. Qué le importa que ruede la cabeza de Bette Davis, vieja leona, acorralada ahora por las jóvenes y salvajes fieras. Qué le importa seducir a Bill Simpson -el autor­-, a Lloyd Richards -el escritor- o a George Sanders -el crítico- con tal de que su nombre brille con luz propia en el cartel. Esto no es Hollywood, es el mundo del teatro. Sin embargo, no cuesta nada extrapolar las fechorías entre camerinos de esta caradura -me refiero a Anne Baxter- con las que, de buen seguro, existían -quiero decir, existen- en los despachos de los productores de cine. Y la pobre Karen, tan fundamental en este relato, maniatada por la dulce (y también oscura) mirada de nuestra protagonista.    

Mankiewicz lo plasma todo con delicadeza… y sentimiento. Hilvana un guion magistral en base al cual teje una narración que, pese a sus más de dos horas, me prende cautivo. El éxito aquí no es la consecuencia, sino el objetivo. En el camino, no es difícil encontrar a esbirros como George Sanders (DeWitt), el otro gran miserable de esta narración. Tampoco a la inocente Marilyn Monroe, otra encantadora sonrisa de usar y tirar. O a ese guionista -el de moda, por supuesto- al que engatusar hasta hacerle perder la cabeza y el sentido. Pero claro, en una película como esta, donde los personajes tienen un valor incalculable, no puedo dejar de lado a Bette Davis (Margo) ni tampoco a Gary Merrill (Bill Simpson), los dos grandes titanes de esta película.

Mankiewicz se refugia en la lealtad y se abriga con el afecto. Si ello no fuese así, cómo es posible que Gery Merrill “desnudara” a las primeras de cambio las astucias de Eve. Y, por supuesto, cómo si no iba a lucir  Bette Davis, finalmente, tan tranquila y feliz. De esta forma, el cineasta cierra su fábula moral soltándole un bofetón a su triste protagonista, quien bebe en soledad, infeliz… y rodeada de nuevas hienas. Un lúcido retrato sobre el mundo del teatro que, en el fondo, habla con mucho acierto sobre las grandezas y miserias de las propias personas.