Germania anno zero (1948)

Roberto Rossellini: Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948) Italia. Alegato antibélico enmarcado en las líneas del neorrealismo italiano. Escrita por Roberto Rossellini, Carlo Lizzani, Max Colpet conforme a un argumento de Basilio Franchina. Interpretada por Edmund Moeschke. 70 minutos.  

Germania anno zero - Alemania anyo cero (foto) 06

Roberto Rossellini ya había esbozado, con pincel de hierro, las penurias que la II Guerra Mundial había ocasionado sobre la población civil italiana: ahí están Roma città aperta (1945) y Paisà (1946). Ellas representan el durante de la guerra. La tercera parte de la trilogía, sin embargo, atiende a las consecuencias, al después. Comparte con aquellas las ruinas, pero estas ahora son quietas, sin humo ni fuego. Es el mañana de la guerra, ese que azota a Edmund y su familia.

Estamos pues en la zona cero. Y un chaval, apilado junto a su familia en un avispero urbano, no encuentra la solución a sus males. Quiere escapar del hambre y de la miseria. Pero no puede, aunque lo intenta: busca un trabajo que no le conceden, comercia en la calle donde le estafan… se afana por vencer, pero pierde irremediablemente. Cómo volver a empezar desde la nada. El cineasta azota un golpe seco al bando aliado y victorioso. Desconfía de su potencial efecto benefactor. Y centra su mirada, una vez más, en la gente más humilde, en los parias de la ciudad. Personas que, casi con toda seguridad, nada tuvieron que ver con el inicio de la contienda. Personas que, sin embargo, sufren los errores de la ambición y el imperialismo desmedido.

Suena un discurso hitleriano en el interior de un edificio semiderruido. El eco es sobrecogedor. La imagen es horrenda. Es el chaval trapicheando para atender, poco después, a las palabras de su antiguo profesor: el darwinismo social. Apenas se atisba la solidaridad en la sociedad alemana. No hay refugio para el calor… y ahí estalla el alegato sombrío del cineasta. El acto más infame que un hijo puede cometer. Un hijo, en cualquier caso, lleno de conciencia, capaz de subir a un campanario, cerrar los ojos y… Rossellini se entrega al dolor de la derrota, cierra así su tríptico de miseria, hambre y muerte para denunciar (y a la vez dignificar) la situación que acompañaba a la Europa del 45.    

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