Shane (1953)

  • zshaEstados Unidos
  • Western
  • Dirigida por George Stevens
  • Escrita por A.B. Guthrie Jr. (Novela: Jack Schaefer)
  • Interpretada por Alan Ladd, Van Heflin, Jean Arhtur, Brandon De Wilde, Emile Meyer y Jack Palance
  • 118 minutos

“Now you run on home to your mother and tell her… tell her everything’s alright.”

Cuando Shane llega a un pequeño poblado de Wyoming, es cuando comienza a tejerse esta magistral película, Raíces profundas. Él llega sin intenciones claras, tropezando con el hogar de los Starrett, interpretados estos a las mil maravillas por Van Heflin (Joe), Jean Arthur (Marian) y un entrañable Brandon De Wilde (Joey). No tardará en llegar el peligro, la inquietud en forma de codicia. Y Shane, o lo que es lo mismo, Alan Ladd, no dudará en cuanto a sus intenciones: ayudar a los Starrett. 

Raíces profundas son las que atan a Van Heflin y su familia a sus tierras. ¿Por qué venderlas? ¿Por qué marcharse? ¿Acaso debe claudicar ante la voluntad ajena? No cede ante el miedo, aunque este lo carcoma por dentro. Está dispuesto a entregar su vida por ello. Es una cuestión de honor, de hombría y, sobre todo, de lealtad. Lealtad hacia su forma de entender la vida, hacia el repudio a la servidumbre, hacia la rectitud. Simplemente quiere cuidar de sus tierras, de su familia y de su hogar. No se marchará, por mucho que le pese al cacique local, Emile Meyer (Rufus Ryker), y a su habilidoso pistolero, Jack Palance (Jack Wilson). Además, contará con un inesperado aliado. Un antiguo bandolero, un nómada que arrastra consigo poco más que su ideario personal. No tiene bienes, aunque no le importa. Lo único que le queda son sus valores. Ese es Shane, un tipo que consagra aquellos en base a fuego y disparos. Más allá de la quietud que transmite, se esconde una estoica figura atada al bien y a la libertad más pura. 

Una película preciosa, cautivadora. El cineasta, George Stevens, abriga la narración con unos paisajes espléndidos, con un evocador homenaje, pues, a la simple naturaleza. Las inmensidad de las grandes montañas, el calor de una pequeña cabaña en una noche de tormenta, la magia de un huerto y los animales, la infancia de un muchacho fascinado por un extraño pistolero… todo ello, todo, se convierte en poesía. El marco perfecto para encuadrar esa lucha por la libertad, por vivir la vida conforme a los moldes que uno mismo le quiera dar. Para levantar, en esencia, este épico y entrañable David contra Goliat.