The big country (1958)

  • the-big-country-movie-poster-1958-1020200017Estados Unidos
  • Western
  • Dirigida por William Wyler
  • Escrita por James R. Webb, Robert Wyler y Sy Bartlett
  • Interpretada por Gregory Peck, Burl Ives, Jean Simmons, Charlton Heston, Carrol Baker y Charles Bickford
  • 165 minutos

“Any ranch that you can see on foot just isn’t worth looking at.”

Cuando terminas de ver Horizontes de grandeza, los primero en lo que piensas es en convertirte en ranchero. Irte al Medio Oeste norteamericano, comprar tierras y ganado, montar a lomos de tu caballo. Es la magia del western. En especial, de este western elaborado con tanta delicadeza por parte de William Wyler. Cineasta espléndido, pues, que hilvana, apoyándose en la cautivadora fotografía de Franz Planer, una artesanía de película. 

La figura del salvaje oeste queda desmitificada hasta cierto punto en manos del trío de guionistas del film: James R. Webb, Robert Wyler y Sy Bartlett. Allá donde solo parece reinar la violencia, el salvajismo y la fanfarronería aparece ahora, encarnada en la figura de un maravilloso Gregory Peck, una tormenta de calma y serenidad que apuesta por apaciguar las turbulentas aguas de aquel “gran territorio”. Entre los Hannassey y los Terrill, dos familias enemistadas hasta la muerte por el control de un mismo lugar, se levanta un marinero proveniente del este, con otros valores, con otras conductas. Él, junto a una estupenda Jean Simmons en el papel de Julie Maragon, pondrá un punto de cordura donde, podría decirse, no existe el lugar para la misma.

Una fabulosa narración con la que Wyler atiza, de un modo bastante contundente, los conservadores y superficiales valores que parecían regir a las sociedades del far west. Le basta con situar al cívico Gregory Peck frente al rudo Charlton Heston, a la tranquila Jean Simmons frente a la estúpida Carroll Baker. En el camino, uno disfruta de los paisajes -incluso de la armonía- que nos ofrece el buen hacer del director hasta llegar, faltaría más en un western de este nivel, al duelo entre un inolvidable Burl Ives y Charles Bickford.     

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Touch of evil (1958)

  • touch-of-evil-posterEstados Unidos
  • Cine negro
  • Dirigida por Orson Welles
  • Escrita por Orson Welles (Novela: Whit Masterson)
  • Interpretada por Charlon Heston, Janet Leigh, Orson Welles y Marlene Dietrich
  • 108 minutos 

“He was some kind of a man. What does it matter what you say about people?” 

Es una noche calurosa. Al menos, así se siente mientras ves pasear a Charlton Heston, es decir, al policía mexicano Vargas, junto a su recién y enamorada esposa, Janet Leigh, en la que es una de las escenas más antológicas de la historia del cine. Un prólogo, pues, sobresaliente en el que dos transeúntes caminan por la zona fronteriza entre México y los Estados Unidos. El trasiego de la gente define la idiosincrasia del lugar hasta que, de pronto, todo se torna en caos: un coche acaba de saltar por los aires. Dos personas fallecidas en misteriosas circunstancias. Por avatares del destino, Vargas y su esposa, metidos de lleno en una titánica pelea contra la familia Grandi, la familia que controla el negocio lugareño de la droga, se verán ahora salpicados por la investigación de este asesinato. Demasiados dolores de cabeza para la que se suponía una noche cálida y apacible.

Orson Welles escribe, dirige e interpreta con maestría Sed de mal. Es una película asfixiante, tejida laboriosamente y envuelta en una angosta atmósfera de la que difícilmente logras escapar. El choque de caracteres entre Welles y Heston, dos policías cuyos métodos de investigación se encuentran en las antípodas, es, sin duda alguna, el plato fuerte del film. La película hilvana así una pelea larga, sudorosa e infatigable. El intercambio de golpes es terrible, alcanzando su cénit en una escena, la de la indefensa Janet Leigh rodeada de maleantes en una habitación de hotel, que se convierte en una auténtica pesadilla terrenal.

La honradez de Charlton Heston levanta tras de sí un paisaje lleno de enemigos, de hienas dispuestas a hincarle el diente a la más mínima oportunidad. El escarnio inicial de Orson Welles, dando vida, como digo, al inolvidable capitán Quinlan, deriva progresivamente en una inquietante caza de la que el astuto policía mexicano deberá zafarse. Son dos almas contrapuestas, dos maneras de entender la vida. La lucha psicológica entre ambos, por tanto, es una de las grandes bazas de este film. Tanto como el sobresaliente pincelado dado al personaje de Quinlan, un hombre melancólico y crepuscular -brillante, en este sentido, la aparición de Marlene Dietrich– al que, más que importarle los medios, tan solo le interesaba el fin. Lástima para él y sus dudosos métodos que anduviera por allí el estricto Charlton Heston.       

Ben-Hur (1959)

  • zxczzEstados Unidos
  • Cine religioso
  • Dirigida por William Wyler
  • Escrita por Karl Tunberg (Novela: Lewis Wallace)
  • Interpretada por Charlton Heston, Jack Hawkins y Stephen Boyd
  • 211 minutos

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Ben-Hur es la majestuosidad hecha cine. Es Charlon Heston dignificando la  profesión de actor cuando ríe, ama, sufre, sangra, odia y llora al encarnar a Judá Ben-Hur. Es Mesala, uno de los malvados más perverso que nos ha brindado el séptimo arte. Es la virtud de William Wyler y el arte de Miklós Rózsa. Es una colosal carrera de cuadrigas. Es dolor, odio y venganza. Es perdón y misericordia. Es un buen hombre dando de beber a otro buen hombre. Es la épica servida en todo su esplendor.