La ragazza con la valigia (1961)

Valerio Zurlini: La chica con la maleta (La ragazza con la valigia, 1961). Italia. Espléndido drama sobre la fragilidad de los sentimientos. Escrita por, entre otros, Valerio Zurlini. Interpretada por Claudia Cardinale y Jacques Perrin. 121 minutos.

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Imposible no rendirse frente a Claudia Cardinale. ¿O sí? Un joven burgués, Corrado Pani, la ha dejado despechada por las calles de Parma, llena de promesas vacías y con la simple compañía de una maleta. Ella ha vuelto a perder. ¿Cuántas van ya? Vive entre la ilusión y la inocencia. Son las notas que acompañan a su mísera realidad. Busca dejar atrás el mundo de vulgares espectáculos que, hasta ahora, ha marcado su día a día. Por eso llama. Por eso busca. Quiere una explicación. La simpleza abusa de ella. Suerte que está el tímido Jacques Perrin, Lorenzo Fainardi, al otro lado. Adolescente e ingenuo, busca resarcir el daño ocasionado por su hermano. Nace una emotiva amistad que, luego, cae en el amor. Él queda prendado de ella. Apenas tiene 16 años. Sobran las palabras en este emotivo relato. Ganan las miradas. Las imágenes se apoderan de la historia. Luce la fotografía de Tino Santoni mientras Valerio Zurlini sienta cátedra con su puesta en escena. Memorables escenas. Es una oda a la inocencia, al amor más puro. Todo, en cualquier caso, bañado en la melancolía. Una lucha romántica y, también, desigual. La fragilidad sentimental, volcada en los ojos de Cardinale, queda destripada por la sabia mano de Zurlini.     

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C’era una volta il west (1968)

  • zzaItalia
  • Western
  • Dirigida por Sergio Leone
  • Escrita por Sergio Leone y Sergio Donati (Historia: Dario Argento, Bernardo Bertolucci y Sergio Leone)
  • Interpretada por Claudia Cardinale, Charles Bronson, Henry Fonda y Jason Robards
  • 165 minutos

Un prólogo servido con maestría, indicativo del estilo narrativo que conducirá a esta polvorienta historia del lejano oeste. El cineasta, Sergio Leone, juega con el tiempo y el espacio. De este modo, el entorno y el ambiente son una pieza más, fundamental diría yo, para encajar a la perfección este monumental relato repleto de ilusiones, traiciones, violencia, codicia, injusticias y venganza.

La hermosa Jill (Claudia Cardinale), verdadera clave de bóveda de esta historia, llega a un pueblo, perdido en mitad del oeste, decidida a formar un hogar junto a un pelirrojo y testarudo irlandés, McBain, olvidándose así de su anterior vida en Nueva Orleans. Lástima que al llegar se cerciore de que Frank (Henry Fonda), un pistolero reconvertido a empresario, ha borrado del mapa, con la facilidad que propicia un revolver, todo su proyecto de vida. El muerto se lo han adjudicado a Cheyenne (Jason Robards), quien simplemente pasaba por allí, y al que no le hace ninguna gracia esta rapaz jugada. El cuadro lo completa un misterioso hombre sin nombre conocido, de escueto vocabulario y con afición por la harmónica. 

Película servida a fuego lento, muy lento. Todo se mueve con un ritmo pausado y calmo. Ayuda, por supuesto, el inquietante compás marcado por Ennio Morricone. Las piezas se mueven con sigilo y astucia, desenmascarando poco a poco la jugada maestra que nos tenía preparada Sergio Leone, ayudado en la escritura por Sergio Donati y los emblemáticos Dario Argento y Bernardo Bertolucci. Extraordinariamente trabajada, ‘Once upon time in the west’ supone una épica historia acerca de la construcción del ferrocarril en territorio estadounidense. Pero, sobre todo, una historia que le saca todo el jugo posible a los personajes de la misma, a esos peones que ambicionan, huyen, aman, perecen o sobreviven, entre los agrestes paisajes que nos depara esta cinta.  

En definitiva, otra manera de entender el cine. El silencio y la tensa espera se combinan con las miradas perdidas, buscando éstas, en algún lugar, los sueños e ilusiones que parecen desvanecerse, salpimentado todo por la explícita violencia que envuelve a la muerte. Los tiempos cambian, parece querer decirnos Leone a través de esta lírica, mundana y crepuscular fábula enclavada en el far west. Una obra monumental y minuciosa en la que, gusto personal, destaco al misterioso y sensual personaje (con toda la batalla psicológica que ello conlleva) interpretado por Claudia Cardinale, su idilio con Jason Robards (“ahora sí que te he preparado café caliente”), así como al imperecedero Harmonica. La venganza pocas veces se sirvió tan fría. Obra maestra.