Simple Men (1992)

Hal Hartley: Simple Men (1992) Estados Unidos. Road movie sobre la épica del romance. Escrita por Hal Hartley. Interpretada por Robert Burke, Bill Sage, Holly Marie Combs, Karen Sillas y Elina Löwensohn. 105 minutos. 

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Be good to her, and she’ll be good to you.

La novia de Robert Burke no termina de quererlo. Se la acaba de pegar. Por partida doble, además. El amor de su vida lo ha dejado… en mitad de un atraco que él mismo había ideado. Ni chica ni dinero. Está jodido: trouble and desire. Es la tragedia de la vida, cuenta. Con esas aparece por allí su hermano menor, Bill Sage. Busca a su padre, un anarquista revolucionario que lleva 20 años escondido. En el camino acaba de quedar prendado de Holly Marie Combs, sensual colegiala que decide ayudarlo. Tiene un nombre y un lugar. Juntos, los hermanos, se dirigen hacia Long Island. Tienen los bolsillos tan vacíos como su corazón. El mayor dice que se quedará para siempre con la siguiente rubia que encuentre en su vida: pam, Karen Sillas aparece en escena. En su expediente colean más derrotas de las que uno podría imaginar. Al pequeño le hace gracia la rarita de Elina Löwensohn, quiere enamorarse de una puñetera vez. Han alterado, entre los dos, las líneas maestras de un pequeño pueblo de interior. Son los suburbios norteamericanos. Van en busca de su padre y, por el camino, quieren hacer su revolución: propagan el amor romántico. Menudos versos libres escribe Hal Hartley, poeta de la clase trabajadora estadounidense. Llena la narración de náufragos mientras en el ambiente se palpa una extraña naturalidad. Diálogos para enmarcar. Suena Sonic Youth y todos bailan en una escena estupenda. Una de tantas. Los vagabundos de esta narración no dicen nunca “te quiero”. Tampoco hay acaramelados besos ni cursis discursos. Basta una mirada. Es cine subversivo, mordaz, romántico. Es muchas cosas más. Y todas son buenas.

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Trust (1990)

Hal Hartley: Trust (1990) Estados Unidos. Original comedia dramática. Escrita por Hal Hartley. Interpretada por Adrienne Shelly y Martin Donovan. 107 minutos. 

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– I respect and admire you.
– Is that love?
– No, that’s respect and admiration.

La noche cae mientras en una vieja casa se encuentran dos jóvenes vagabundos. Ella tiene 17 años y está preñada. O lo que es lo mismo: I am ashamed of being young I am ashamed of being stupid. Es la estupenda Adrienne Shelly, recital. Él aparece allí medio deprimido, medio suicida. Como siempre. Escupe al mundo porque no le gusta lo que ve. Se refugia en los libros, en su introversión. Es Martin Donovan, “peligrosamente sincero”. Son las dos pinceladas que dan forma a un Long Island alienado por la televisión, anestesiado sentimentalmente y preso del desafecto. Se sienten vulnerables, quieren escapar de allí. El vacío se adorna, en cambio, con un afectuoso arcoíris. Caes así en la brillantez de los diálogos y sonríes frente al mordaz sentido del humor del cineasta. Mientras tanto, los personajes te han atrapado con su extraña -o no tan extraña- forma de ser. Todo es de una bonita sencillez. Y nada resulta empalagoso. Hal Hartley no solo vuelve a retratar lúcidamente las estructuras que rigen a la clase trabajadora estadounidense, sino que, en un repunte de originalidad y frescura, imparte cátedra en el tema más manido de todos: el amor.

The Unbelievable Truth (1989)

Hal Hartley: La increíble verdad (The Unbelievable Truth, 1989) Estados Unidos. Historia romántica en clave indie. Escrita por Hal Hartley. Interpretada por Adrienne Shelly y Robert Burke. 90 minutos. 

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– That girl is crazy. 
– I know but I like her.

Robert Burke hace dedo en mitad de la carretera con tal de volver a su hogar. ¿De dónde vienes? pregunta el conductor. La respuesta es contundente a ojos de Hal Hartley: un coche frena en seco, una puerta se abre y un tipo, vestido totalmente de negro, se baja. Acaba de salir de la cárcel. Regresa a la abandonada casa de su padre, en la periferia de Nueva York, en Long Island. Los vecinos pronto recelan de él. Acaba de provocar un terremoto. Él solo quiere arreglar la casa, encontrar un trabajo tranquilo y leer libros durante la tarde. Sin embargo, colean dos asesinatos -su antigua novia y el padre de esta- en su expediente. Una Lolita, la estupenda Adrienne Shelly, además, queda cautivada por la enigmática pose (celibato incluido) del recién llegado. Quiere cambiar el mundo, cosa para la cual empieza dejando al plasta de su novio y termina -gracioso el guionista- posando desnuda como modelo. Te empapas así de las inquietudes (políticas, sociales y culturales) de la clase trabajadora estadounidense. Pero bien, vamos a lo que vamos: ¿Se quieren o no se quieren? Eso es lo que mantiene a flote el film: la química entre los dos protagonistas. Bien definidos, con carácter y personalidad. Sonríes ante la retahíla de rarezas que se levanta enfrente tuyo. No faltan secundarios estrafalarios. Una comedia romántica repleta de frescura, intriga y un agradecido sentido del humor. Firmo ya que el noventa por ciento del género fuera la mitad de bueno.

Henry Fool (1997)

Hal Hartley: Henry Fool (1997) Estados Unidos. Indie norteamericano para retratar la periferia. Escrita por Hal Hartley. Interpretada por James Urbaniak, Thomas Jay Ryan y Parker Posey. 137 minutos. 

You can’t go to work! You have to stay home and write!

Según la teoría de los talentos escondidos -me acabo de inventar el nombre- tú mismo puedes llegar a tener un don y no saberlo. Es desconocido para ti. Está escondido. Podrías, por ejemplo, ser un excelente jugador de golf y ni siquiera sospechar de ello. A James Urbaniak le sucede algo así en esta película. Vive en la periferia, en el Queens neoyorquino, trabajando como basurero. Es tímido, retraído y parco en palabras. Sin embargo, la llegada de Henry  Fool al barrio abrirá su don al mundo. La sobria locura de Thomas Jay Ryan, contestatario por naturaleza y con excesiva devoción hacia el sexo, alentará un mundo de poesía obscena. Alegatos casi casi pornográficos que le harán merecedor del Premio Nobel de Literatura. Dicen desde Estocolmo que ha sabido retratar el submundo. Hal Hartley se recrea con sus lúcidos diálogos y le añade un punto de subversión al film a través de su transgresora puesta en escena. I’ll suck your cock if you kill him for me dice una niña que todavía no ha conocido la alegría. Es lo que hay. Destaca el trabajo como secundaria de Parker Posey. La historia tiene personalidad, porque sus personajes la tienen. Son outsiders, son marginados sociales. Se apoltronan en su derecho a la diferencia, al pataleo y reclaman, entre escupitajos al sistema, lo que es suyo: alejarse, escapar de un mundo que no quieren para sí.