I Hired a Contract Killer (1990)

Aki Kaurismäki: Contraté a un asesino a sueldo (I Hired a Contract Killer, 1990) Finlandia. Comedia dramática. Escrita por Aki Kaurismäki. Fotografía de Timo Salminen. Interpretada por Jean-Pierre Léaud y Margi Clarke. 79 minutos. 

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En un Londres periférico, el protagonista del film se aburre entre los muros que cubren a la burocracia británica. Es Jean-Pierre Léaud a punto de ser fríamente despedido. Vuelven así los diálogos secos y cortantes. Gana espacio el gris: es un vacío existencial de imposible escapatoria. Triste y derrotado, deja de querer a la vida. El cineasta, Aki Kaurismäki, entra con sigilo en el universo del cine negro. Lo hace con las artes de siempre, abriendo camino mediante el humilde desamparado. Así, lejos de la City y el Tower Bridge, este condenado va a encargar su propia muerte a un asesino a sueldo. No sabe, cuando lo haga, que está a punto de cometer una gran contradicción: dentro de nada se enamorará de Margi Clarke, vendedora de rosas. La fotografía de Timo Salminen cambia la escala de grises por una explosión de color. El arrepentimiento, pues, es total. Vuelve a querer vivir. Es el amor, la pócima mágica de Kaurismäki para sus náufragos. La tragicomedia, con un punto de humor absurdo, destapa sus cartas entre ruinas y crepúsculos. La cara del protagonista, mientras sirve una hamburguesa, lo dice todo. Es la sutil ironía que combate a la depresión y la desesperanza: ¿por qué darte por vencido tan pronto?  

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Les 400 coups (1959)

François Truffaut: Los cuatrocientos golpes (Les 400 coups, 1959) Francia. Drama social sobre la soledad en la infancia. Escrita por François Truffaut y Marcel Moussy. Interpretada por Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier y Albert Rémy. 94 minutos.  

Película que marca -junto con Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959) y À bout de souffle (Jean-Luc Godard, 1959)- el inicio de la nouvelle vague francesa. Empapado por el neorrealismo italiano e influenciado por los clásicos estadounidenses, François Truffaut elabora un film áspero, crudo y tenso: es la odisea de un pequeño muchacho, Antoine Doinel, la que ocupa el núcleo de la narración. El náufrago es Jean-Pierre Léaud, varado por las calles parisinas, sufriendo la represión de su profesor y la incomprensión de sus padres. Escuela y familia, primeros golpes. No encuentra su lugar, por eso camina, miente, lee a Balzac o hace el gamberro: ansía la libertad que lo redima. El cineasta, enmarcando su relato en el realismo social, escribe una elegía al marginado, al fracasado. Hiere especialmente cuando el antihéroe apenas va camino de ser un adolescente. ¿Qué opción queda para él?, parece preguntar Truffaut mientras el protagonista camina hacia el mar. La soledad del niño. Denuncia de esta forma “la comedia humana”, la indiferencia frente al desgarro y el pesar de esa mirada final.