Quills (2000)

Philip Kaufman: Quills (2000). Estados Unidos. Entretenido relato histórico sobre el Marqués de Sade. Escrita por Doug Wright. Interpretada por Kate Winslet, Geoffrey Rush, Joaquin Phoenix y Michael Caine. 120 minutos. 

La controvertida figura del Marqués de Sade, encerrada entre las estancias y pasillos del asilo de Charenton, daba para algo más. La película no está mal, pero tampoco es ninguna delicatessen. El guion de Doug Wright es tan rutinario como entretenido, lo cual ya dice frente a qué tipo de cinta estamos. No perfila, cuidado, la versión más morbosa del escritor, esto es, no se presta al sado salvo en contadas excepciones (Amelia Warner y Stephen Moyer). Opta, en cambio, por generar un correcalles de pasión, amor y opresión. El director, Philip Kaufman, lo traduce todo en una puesta en escena que nos mantiene atentos, pero que no emociona en demasía. Las virtudes dramáticas de Joaquin Phoenix no terminan de explotar, mientras que Michael Caine simplemente disfruta, sin entregarse del todo, repitiendo uno tras otro todos los tópicos que acompañan al “malo”. Sin duda, la clave de bóveda del film es la turbia (y afectuosa) relación entre Geoffrey Rush y Kate Winslet. Uno venía de deslumbrar en Shine (1996), y seguía demostrando que, pese a no dejarse ver en exceso, es un excelente actor. La otra, quizás la mejor actriz de los últimos tiempos, cuidaba con esmero su filmografía tras el bombazo de Titanic (1997) entregándose a papeles meritorios y sin especial resonancia. Total, una película menor, repleta de grandes actores y, hasta cierto punto, desaprovechada.  

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The Master (2012)

Paul Thomas Anderson: The Master (íd., 2012) Estados Unidos. Drama. Escrita por Paul Thomas Anderson. Interpretada por Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman y Amy Adams. 137 minutos. 

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A partir de ahora, no puedes parpadear

Me importa poco si la historia que aquí se nos muestra tiene algo que ver con la fundación de la Cienciología y Ron Hubbard. Dicen que sí, que simplemente Paul Thomas Anderson cambió nombres (La Causa y Lancaster Dodd) por aquello de ahorrarse pleitos innecesarios. Pero bien, digo lo de “me importa poco” porque es un tema que (por sensacionalista) no termina de atraerme. Igual que tampoco capto la complejidad hermética que (supuestamente) envuelve a esta historia, tan llena de matices y contrastes según los entendidos. 

Pero todo ello me da igual, pues solamente con ver a Joaquin Phoenix en escena, uno puede darse por satisfecho con The Master. La película es básicamente él, y su duelo con Seymour Hoffman. La interacción entre el errante vagabundo y el rechoncho hombre de afilada labia se le impregna a uno, calándote hondo en tu conciencia todo ese universo turbio que envuelve a esta narración. Ayuda a plasmar tal sensación el milimétrico guión de Anderson, capaz de pulir de manera espléndida a los personajes (atención a la maquiavélica Amy Adams), deparándonos, además, una serie de diálogos memorables.        

Película elegante, servida con estilo por la pluma de Paul Thomas Anderson. Éste siempre ha retratado a la perfección al solitario derrotado. Aquí lo borda pincelando a ese marinero varado en la tierra, siempre a punto de explotar, viviendo al límite entre arrebatos, tristeza y desesperación. The Master nos deja, en definitiva, una historia poderosa, de extraño atractivo, que nos tiene cautivados durante todo su metraje. A uno le inquietan las andanzas de ese infeliz que, probablemente, verá su último atardecer en soledad, lleno de penas y sin atisbo de cordura.  

¿Libertad y ausencia de tiranía para ti? Freddie, marinero de los mares. No pagas alquiler. Eres libre para ir adonde quieras. Vete. Alcanza esa libertad sin tierra y buena suerte. Pues, si descubres una forma de vivir sin servir a ningún amo, sea cual fuere, cuéntanos a los demás cómo lo lograste. Serías el primero en la historia del mundo.