Quills (2000)

Philip Kaufman: Quills (2000). Estados Unidos. Entretenido relato histórico sobre el Marqués de Sade. Escrita por Doug Wright. Interpretada por Kate Winslet, Geoffrey Rush, Joaquin Phoenix y Michael Caine. 120 minutos. 

La controvertida figura del Marqués de Sade, encerrada entre las estancias y pasillos del asilo de Charenton, daba para algo más. La película no está mal, pero tampoco es ninguna delicatessen. El guion de Doug Wright es tan rutinario como entretenido, lo cual ya dice frente a qué tipo de cinta estamos. No perfila, cuidado, la versión más morbosa del escritor, esto es, no se presta al sado salvo en contadas excepciones (Amelia Warner y Stephen Moyer). Opta, en cambio, por generar un correcalles de pasión, amor y opresión. El director, Philip Kaufman, lo traduce todo en una puesta en escena que nos mantiene atentos, pero que no emociona en demasía. Las virtudes dramáticas de Joaquin Phoenix no terminan de explotar, mientras que Michael Caine simplemente disfruta, sin entregarse del todo, repitiendo uno tras otro todos los tópicos que acompañan al “malo”. Sin duda, la clave de bóveda del film es la turbia (y afectuosa) relación entre Geoffrey Rush y Kate Winslet. Uno venía de deslumbrar en Shine (1996), y seguía demostrando que, pese a no dejarse ver en exceso, es un excelente actor. La otra, quizás la mejor actriz de los últimos tiempos, cuidaba con esmero su filmografía tras el bombazo de Titanic (1997) entregándose a papeles meritorios y sin especial resonancia. Total, una película menor, repleta de grandes actores y, hasta cierto punto, desaprovechada.  

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Finding Neverland (2004)

  • finding_neverland_ver2Estados Unidos
  • Literatura
  • Dirigida por Marc Forster
  • Escrita por David Magee (Obra teatral: Allan Knee)
  • Interpretada por Johnny Depp, Kate Winslet, Dustin Hoffman y Julie Christie
  • 106 minutos

Cuenta Enric González en sus agradables Historias de Londres (RBA, 2007) la misma historia que aquí, de una forma quizá más edulcorada, nos cuenta Marc Forster. Ambos comparten una cualidad: son unos virtuosos de la expresividad, de la comunicación. Aquel es un fabuloso periodista y escritor; este, un cineasta tan plástico como eficaz. A medio camino de los dos se sitúa Kensington gardens, o lo que es lo mismo, el lugar donde se inspiró la fantástica historia de Peter Pan.

Y es que mucho se ha escrito en torno a los orígenes de este célebre personaje. Por ejemplo, Allan Knee inspiró, gracias a su obra teatral The man who was Peter Pan (1998), el guion que aquí nos atañe, ensamblado perfectamente por David Magee. Pero el cine, mucho antes, ya había bañado con su particular magia a este fabuloso relato. Lo había hecho Walt Disney, en 1953, con Peter Pan, en la que probablemente sea una de las mejores películas en la historia de la productora de animación. También Steven Spielberg nos había acercado este cuento con la no menos fabulosa Hook (1991). Es decir, prácticamente ya estaba todo dicho. Pero faltaba algo, faltaba desenmascarar los orígenes de este relato… y en este punto, es donde se sitúa esta maravillosa película: Finding Neverland.   

Es una historia muy bonita. Puede que sea dulzona, sensible y acaramelada, sí, pero su principal virtud radica en conseguir que nada de esto nos empalague. Así, Marc Forster consigue sumergirnos en las bondades que acompañan al personaje principal de este relato, James Barrie, y que disfrutemos, por todo lo alto, con su fantástica inventiva, con su ilusionante y desbordante imaginación. Quedamos así atrapados en las redes de este cautivador cuento. Johnny Depp y Kate Winslet, ambos estupendos, unidos, a su vez, a un aguerrido grupo de niños, se encargarán de luchar contra fantasmas, de aguantar contra viento y marea, de no decaer ante las fatídicas desgracias que en el camino se van presentando.

Asistimos a una película que es, toda ella, magia. Rinde pleitesía a todo aquello que contribuyó a inspirar el relato de Peter Pan, es decir, al teatro, a la escritura, a los niños, a la amistad más pura, a la tranquilidad de un paseo por el parque. Finding Neverland es el poder de la fantasía, de la ensoñación. Todo queda a punto de caramelo para pincelar el mensaje principal del film: ¡sueña!