Adaptation. (2002)

Spike Jonze: Adaptation. El ladrón de orquídeas (Adaptation., 2002) Estados Unidos. Película inclasificable que habla sobre lo difícil que es escribir… y vivir. Escrita por Charlie Kaufman y Donald Kaufman. Novela de Susan Orlean. Interpretada por Nicolas Cage, Meryl Streep, Chris Cooper, Cara Seymour, Tilda Swinton, Brian Cox y Maggie Gyllenhaal. 114 minutos. 

Te sientas frente a la máquina de escribir. Te sientes patético. No te gusta tu vida. Pero tienes que escribir, pues eres guionista de cine. Tu nombre, imagínate, es Charlie Kaufman. Y escribes una historia sobre las plantas, aunque no le encuentras el dramatismo a la historia. ¿Cómo emocionar, cómo darle vida? Brian Cox responde vehemente: todos los días sucede algo. Hasta el introvertido de Charlie Kaufman, digo Nicolas Cage, tienes sus historias. Aunque no las ve. Se siente igual de patético. También gordo. Le irrita hasta la figura de su propio hermano gemelo, Donald Kaufman. ¿Por qué no se atreve a decirle a Cara Seymour que la quiere? En fin, es un mar de complejos. Y sigue teniendo que escribir sobre plantas y orquídeas. Por eso están en la pantalla Meryl Streep y Chris Cooper, inmensos ambos, escenificando lo mutable que es la vida. Es la “adaptación”. Ya tenemos título. Tú aguantas ahí, cómplice. Así que le quitamos capas a la cebolla. El descontento existencial se baña en las inquietantes aguas del asesinato. ¿Qué ha sucedido? La comedia patética sobre el hombre solitario del siglo XXI se transforma, sin previo aviso, en puro romanticismo. Es la flor que crece en el asfalto. Todo parece feliz, por fugaz que sea. Lo ha hecho Spike Jonze: tiene una película de fábula.      

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Crazy Heart (2009)

Scott Cooper: Corazón rebelde (Crazy Heart, 2009) Estados Unidos. Drama sobre el mundo del country. Escrita por Scott Cooper. Novela de Thomas Cobb. Música de T-Bone Burnett. Interpretada por Jeff Bridges, Colin Farrell, Maggie Gyllenhaal y Robert Duvall. 110 minutos. 

Algo de reverencia ocultan los fotogramas de este film. Es la vieja escuela del country la que recibe flores en esta ocasión. Las lanza, con total cortesía, un Scott Cooper que decide dedicar su ópera prima a desempolvar los recuerdos de un ayer mejor. El escenario lo marca el desierto norteamericano, los tugurios de mala muerte y los poblados perdidos en mitad de la nada. Por allí camina, errante, Jeff Bridges. Está inconmensurable. Una película hecha a su medida. Alcohólico, solitario y derruido. Atrás han quedado los viejos tiempos. Ha perdido la magia… y tampoco llena escenarios. Los moteles baratos, la botella y alguna que otra groupie son el consuelo que le quedan. Ahora suena (y triunfa) Colin Farrell, su discípulo. El paso del tiempo, una vez más. Busca, entretanto, la redención. Recuerda un tanto a los relatos de Sam Shepard y Wim Wenders. Con esas, aparece por allí Maggie Gyllenhaal, la dulce sonrisa. Coquetea el guion con la sensiblería y la previsibilidad. Pecados de emoción que se le escapan al cineasta. Ahí está, menos mal, la voz de Robert Duvall: sabio consejero y amigo del náufrago. La derrota ya hace tiempo que estaba vendida. Y de qué manera: espléndido el soundtrack de T-Bone Burnett… my trouble travels in a song because I’m gone, gone, gone.

The honourable woman (2014)

  • The_Honourable_Woman_Serie_de_TV-570095487-largeReino Unido
  • Cine político
  • Creada por Hugo Blick
  • Interpretada por Maggie Gyllenhaal, Stephen Rea y Lindsay Duncan
  • 50-60 minutos

El conflicto árabe-israelí es un asunto delicado. También trillado. Cada uno tiene la suya para decir. El cine, de hecho, ya se había ocupado del mismo, sobre todo a partir de obras producidas desde el propio corazón del conflicto. Sin embargo, Hugo Blick, creador de esta miniserie, lo cubre todo aquí con un manto de tensión e inquietud propio del mejor cine de espías. La serie, en todo caso, va de más a menos, pues a pesar de que durante los primeros cuatro episodios la expectación generada es asombrosa, el relato va perdiendo fuelle progresivamente.

Un restaurante de lujo. Un camarero preparado para servir la comida. Un padre y sus dos hijos pequeños. Y, de pronto, un degollamiento. Es el shock con el que The honourable woman azota al espectador desde el primer episodio. Las desgracias, en este sentido, nunca vienen solas, más todavía si uno vive pendiente de intentar ayudar en la frontera entre Gaza e Israel. Porque así vive Nessa Stein, o lo que es lo mismo, Maggie Gyllenhaal. La actuación de esta, conviene decirlo, es fatigosa. Llora, se pone histérica y recurre al dramatismo más barato a la más mínima ocasión. Una sobreactuación que lastra el conjunto de la obra, considerando que su personaje, sin duda alguna, es la auténtica clave de bóveda de la narración. 

El entramado político y empresarial que ofrece Hugo Blick contiene un poso de turbiedad del que resulta difícil escapar. Hay mucha agitación en esta narración, también desconcierto. Palestinos, israelíes, británicos, estadounidenses… todos tienen sus intereses, y todos los manifiestan de una u otra forma. El dinero y el poder también saltan a la palestra, y chocan, a su vez, con sentimientos tales como la venganza. El resultado es un paisaje, a mi modo de ver, desolador. Demasiada mugre, demasiado odio. Todo se esencializa en la figura de un chiquillo, nacido desde la rabia, con sangre israelí y palestina, ilusionado, quizás, con la idea de un futuro mejor. Pero es difícil la conciliación en un escenario de tal calibre. Ahí reside el principal mérito de esta irregular historia: en haber sabido plasmar la triste realidad que acompaña a uno de los puntos más conflictivo de Oriente Medio. Notable.