Drugstore Cowboy (1989)

Gus Van Sant: Drugstore Cowboy (1989) Estados Unidos. Drama periférico sobre el universo de las drogas. Escrita por Gus Van Sant y Daniel Yost en base a la novela de James Fogle. Interpretada por Matt Dillon, Kelly Lynch, William S. Burroughs, James LeGros y Heather Graham. 

El nombre de Gus Van Sant ya sonaba por los circuitos indies a mediados de los años ochenta. No fue, sin embargo, hasta el estreno de esta obra, Drugstore Cowboy (1989), cuando este cineasta emergía a nivel internacional. Escribía y dirigía una película cruel. El despliegue narrativo cubría las peripecias de cuatro jóvenes drogadictos durante el año de 1971. Es pues la época en que el consumismo comienza a estallar. La televisión, de pronto, lo esencializa todo. Y el colocón hippie del ’68 comienza a derivar en adicción descarriada. Es el contexto que envuelve a ese Portland grisáceo que se dibuja en este film. Por sus calles, varados entre moteles baratos y pisos deprimentes, caminan estos chicos, siempre huyendo de la policía, poniendo su vida al servicio de su adicción. Se dedican a atracar farmacias y hospitales. Buscan escapar de todo aquello que les atormenta. Y lo hacen con exactitud: es la magia de la química.

La apología anfetamínica se percibe en la atractiva estética con la que el cineasta viste a sus miserables protagonistas. Le da un aire chic a todo ello. Así, destacan Matt Dillon y Kelly Lynch, junto con James LeGros y una jovencísima Heather Graham, en la representación de esta tragedia. Estos antihéroes son la punta de lanza con la que el autor busca pinchar al espectador. Son jóvenes criados en la desafección del american dream. Juguetes rotos. El sistema no los ha absorbido en su ola de bienestar y ellos han encontrado otro camino paralelo. Las menudeces y los trapicheos acompañan su quehacer diario. Saben, en el fondo, que la puritana sociedad se apiada de ellos entre desagradables miradas. Puede que, incluso, les tienda la mano para ayudarlos. Tanto les da, pues la realidad es la que es: ¿qué tipo de “reinserción” les espera?

Esto no va sobre los gramos de más que mantienen despiertos a los guardianes de los mercados financieros. Tampoco trata sobre las fortunas y redes de influencia que se logran amasar con este desvergonzado negocio. Para ello podemos acudir a Traffic (2000), The Wire (2002) o The Wolf of Wall Street (2013). A Van Sant esta dimensión le importa poco. No mira hacia arriba, sino que lo hace hacia abajo. Su principal intención es retratar la periferia. Anticipa el «Choose life. Choose a job. Choose a career. Choose a family. Choose a fucking big television…» que tan bien supo vender Danny Boyle en Trainspotting (1996) y se come a esa payasada de Requiem for a dream (2000) que tanto gusta a los modernos. No es un paisaje aséptico el que aquí pincela. Centra su atención sobre el outsider. Y abre interrogantes. La vida del marginal se contrapone frente a la vida estable y decente -siempre dibujada con tintes depresivos por Van Sant- del ciudadano de a pie. Escapan de la miseria (material y moral) como pueden. Una sonrisa suicida -estupenda Kelly Lynch- se burla de todo, especialmente de un Matt Dillon reconvertido a hombre de bien.

El submundo urbano que Van Sant vislumbra se mueve entre falaces contraposiciones, pues frente a la tristona pobreza, frente a la autómata existencia, tan solo parece existir la alternativa que brinda el libertinaje más radical. La superficie, en cambio, tan solo se intuye en palabras de William S. Burroughs. La farmacología -legal o ilegal- no debiera ser la panacea de nuestros males. Y, sin embargo, es la solución que se impone de forma sistemática. En el camino, arrasa con todo. No tiene sentimiento. Y cuanto más bajo es el estrato social, más estragos hace. Así, muchos pierden mientras unos pocos ganan. Lo de (casi) siempre. Por la vía legal, a las farmacéuticas les va muy bien. Los gobiernos también tienen pretexto para construir/fortalecer el Estado (de terror) policial. Y por la ilegal, tantos otros obtienen también su trozo de pastel con esa cosa llamada narcotráfico internacional: qué pregunten en Suiza a ver. La sociedad, mientras tanto, se convierte en víctima y verdugo a la vez. La línea que separa a estos dos es muy difusa. Es el universo que ha retratado Van Sant en esta odisea urbana.

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Crash (2004)

  • zazazaEstados Unidos
  • Drama
  • Dirigida por Paul Haggis
  • Escrita por Paul Haggis y Robert Moresco (Historia: Paul Haggis y Bobby Moresco)
  • Interpretada por Matt Dillon, Terrence Howard, Sandra Bullock, Don Cheadle, Jennifer Esposito, Michael Peña y Ryan Philippe
  • 115 minutos

“Es la sensación de contacto en cualquier ciudad por la que camines, ¿comprendes? Pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal y añoramos tanto ese contacto que chocamos contra otros sólo para poder sentir algo.”

El título de esta obra ya denota sus intenciones. ‘Crash’ es una oda a las colisiones, los tropiezos, los choques y los golpes. No entendidos éstos en sentido literal, sino como una metáfora del lado áspero de la vida. Esta es, por tanto, una historia llena de humanidad.

Paul Haggis pincela con sutileza un retrato de la sociedad angelina a comienzos del siglo XXI. Las figuras del paisaje quedan perfectamente contornadas. Caminan, lloran, sufren. Aun quedando prendados por la ilusión y fantasía del cuento que un padre le susurra a su pequeña hija, lo cierto es que aquí apenas encontramos atisbos de felicidad y alegría. Retales de vida, en definitiva, tan emotivos como sentidos.

Beautiful Girls (1996)

Ted Demme: Beautiful Girls (1996) Estados Unidos. Comedia dramática sobre la amistad, el amor y el paso del tiempo. Escrita por Scott Rosenberg. Interpretada por Timothy Hutton, Uma Thurman, Matt Dillon, Natalie Portman, Michael Rapaport y Mira Sorvino. 113 minutos.

Willie Conway está ante una difícil tesitura. Su novia Tracy, con la que lleva saliendo once meses, le ha pedido el matrimonio. A punto de entrar en la treintena, el trovador pianista decide escapar de los humeantes garitos neoyorquinos para volver al pueblo de su infancia, Knights Ridge, con tal de reflexionar sobre su futuro. Así comienza esta maravilla de película titulada Beautiful girls.

Enclavando su atención en los gélidos parajes que proporciona la vida en una pequeña comunidad, Ted Demme consigue hacernos ser partícipes de las mil y una interacciones existentes entre los habitantes de dicho lugar. Nos emocionamos con ellos, sufrimos y nos alegramos con sus vivencias, tan pronto uno ríe y canta en la barra de un bar como se desespera y entristece al volante de una camioneta. 

El fabuloso guionista Scott Rosenberg, uno de los padres de la también mítica Alta fidelidad (High Fidelity, 2000), consigue brindarnos toda una explosión de sentimientos y sensaciones en la que los personajes quedan perfectamente pulidos e interpretados. Prepárense, por tanto, para dar un paseo por el mundo del corazón. Un mundo repleto  de amistad infinita, romances hirientes, afectos inquebrantables, amores penitentes, temores insospechados, corazones malheridos, sueños frustrados y tantas sensaciones más que caben en los apenas cien minutos de duración de esta genial película.

En fin, una historia tan alegre como triste, tan sencilla como profunda, tan dulce como amarga, tan nostálgica como melancólica, tan bonita como pesarosa. Una historia, en definitiva, humana y llena de vida. Véanla, pues están ante una de las mejores películas de la década de los noventa. Gran reparto, mejor historia, sensacionales diálogos, buena fotografía y emotiva banda sonora. Mención especial para el personaje de Uma Thurman, simplemente brillante.