Gun crazy (1950)

  • gun-crazy-movie-poster-1949-1020142772Estados Unidos
  • Cine negro
  • Dirigida por Joseph H. Lewis
  • Escrita por MacKinlay Cantor, Millard Kaufman y Dalton Trumbo (Historia: MacKinlay Cantor)
  • Interpretada por John Dall y Peggy Cummins
  • 87 minutos

No son Bonnie and Clyde, pero lo parecen. Ellos son John Dall y Peggy Cummins, dos personajes estupendamente perfilados por la tinta de Dalton Trumbo, guionista del film junto con MacKinlay Cantor y Millard Kaufman. Es ella, sobre todo, quien ejerce de femme fatale, quien nos cautiva a lo largo de esta historia de amor violento y desenfrenado.

El final de estas parejas suele estar escrito desde el inicio, pero, aún con su previsible desenlace, no deja de ser un disfrute la titánica lucha de caracteres que los enfrenta. Un pasado imposible de borrar. Él siempre estuvo ligado a las armas, viviendo entre problemas, obsesivo en su comportamiento, casi rozando una admiración ensoñadora por ellas. Sin embargo, nunca fue un tipo violento. Nunca, ni siquiera desde niño. Ella, pura mala sangre, no admiraba, en cambio, las armas, sino el uso de las mismas: ira y odio.

Arremeten, al trepidante ritmo marcado por Joseph H. Lewis, contra todo y todos. Uno buscando la paz; otra, el riesgo. Entre ambos realizan una escapatoria hacia la nada. Hacia otro final cargado de grandeza, donde la tristeza y el amor se dan de la mano para cerrar esta notable película.        

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Bad day at Black Rock (1955)

  • bad-day-at-black-rock-movie-poster-1955-1020250284Estados Unidos
  • Intriga
  • Dirigida por John Stuges
  • Escrita por Millard Kaufman
  • Interpretada por Spencer Tracy, Robert Ryan, Lee Marvin, Ernest Borgnine, Anne Francis y Walter Brennan
  • 81 minutos

Una película agobiante. John Sturges nos prepara una emboscada: nervios, tensión e inquietud. No hay respiro para Spencer Tracy, protagonista del film. Desde la estación de trenes hasta el polvoriento hotel pasando por el restaurante local… en todos los lugares le acechan los peligros. Se siente observado, asediado. Y no es casual. Un mal lugar, Black Rock, para un extraño. Los vaqueros de por allí no se andan con medias tintas. En este sentido, Robert Ryan (un inolvidable Reno Smith) se erige como el capataz de los maleantes, una cuadrilla de estúpidos donde Lee Marvin y Ernest Borgnine también lucen con grosería y malas formas.

La balanza entre el bien y el mal no sabe hacia qué lado decantarse. La cómplice mirada de Anne Francis representa esta indecisión. Es la amargura que supone vivir en las tierras de aquel Lejano Oeste. Está atrapada en una pelea -casi diaria- por la supervivencia. Ese es el mundo al que se arrima la soledad de Tracy, sobrecogedora a los ojos del fascinante trabajo de fotografía de William C. Mellor. Asusta ponerse en su lugar, inquiriendo la verdad, tratando de honrar un pasado que muchos simplemente tratan de borrar. Y es que los fotogramas de esta película transmiten un terror cercano, humano. Es el salvajismo más puro el que reta a ese veterano de guerra. Los minutos se tornan angostos, apenas existe el alivio para el estoico protagonista, más allá de la estupenda presencia, cual oasis en el desierto, de un maravilloso Walter Brennan.

Cuatro años llevaba sin parar el ferrocarril en Black Rock hasta que, un buen día, Spencer Tracy apareció por allí. El sudoroso guion de Millard Kaufman encierra un laberinto de miedos y temores que, además, queda salpicado por matices tan simples como profundos: la idiosincrasia del far west en los años cuarenta del siglo pasado; las consecuencias de la II Guerra Mundial en la sociedad estadounidense, y el tema del racismo. Una obra, así, completa y perfectamente hilvanada. La pesadilla terrenal en la que se convierte esta Conspiración de silencio supone uno de los grandes hitos dentro del género de la intriga.