The brave one (2007)

  • brave_oneEstados Unidos
  • Thriller
  • Dirigida por Neil Jordan
  • Escrita por Roderick Taylor, Bruce A. Taylor y Cynthia Mort
  • Interpretada por Jodie Foster, Terrence Howard y Naveen Andrews
  • 119 minutos

Nueva York está radiante. Al menos, así la siente Erica. La vida le trata bien: disfruta de su trabajo en la radio, está felizmente enamorada de su chico y pasea por las aceras de su ciudad, captando sus sonidos, sus gentes, su idiosincrasia. Desconecta de la rutina en su tranquilo apartamento, donde ha vivido momentos inolvidables con su novio. Una noche, tan normal como cualquier otra, decidirán ir a dar un paseo al parque que tienen cerca de casa. Charlar por el camino, fantasear sobre el futuro y jugar con el perro. Todo es idílico. Todo funciona de maravilla. Sin embargo, la postal cambia de color. Ahora el paisaje queda inundando por la oscuridad del parque, un inquietante túnel se erige como protagonista y los tres delincuentes de turno ofrecen la acción.

Todo, de pronto, se marchita. La dulzura se convierte en agonía. Las pesadillas fatigan la mente de Erica. ¿Qué le sucede? ¿Cómo reponerse frente a un golpe tan duro? No encuentra respuesta en la policía. Los automatismos de sus agentes, la frialdad de la comisaría y la estandarización en el trato corroen su estado de ánimo. Algo extraño ha despertado en ella, en su interior. Está temblorosa, inquieta. Parece a punto de estallar. “I always believed that fear belonged to other people. Weaker people. It never touched me. And then it did. And when it touches you, you know… that it’s been there all along. Waiting beneath the surfaces of everything you loved.” Erica es presa del pánico, enclaustrada en una pesadilla urbana de la que no consigue escapar. Y así, tan angostamente, aparecerá una solución, un antídoto que extirpe el veneno que la está matando: una pistola.

Esto no es un western, aunque lo parece. Es ni más ni menos que el Nueva York del siglo XXI. Una gran ciudad, un colosal enjambre de gentes. Los estudiosos de la sociología y de la geografía han dedicado muchas horas a su estudio, al estudio de este tipo de construcciones urbanas. Y a su manera, Neil Jordan participa en esta investigación a través de esta película. La psicosis urbana se impone, la histeria se agiganta a cada segundo que pasa y él solo buscar transmitir un mensaje: la violencia que todo lo invade. “La gente teme a la gente” exclama Erica. Donde había bondad ahora solo encuentra maldad. Es un paraíso deshumanizador: un hombre dispara a quemarropa a su ex mujer; dos chicos golpean sin motivo alguno a un joven en el metro; un hombre abusa de una chica en la parte trasera de su coche; y un maltratador busca refugio en las lagunas legales para salir indemne de sus fechorías. Y ella se pregunta, ¿dónde queda la justicia?

No parece encontrarla en el mundo. Todo se ha vuelto gris. Así lo piensa, también, el detective Mercer. Los malos se le escapan. El sistema legal es una maraña que entorpece la labor de los “buenos”, de tipos como él, policías que solo buscan hacer cumplir la ley. El film, en este sentido, no esconde sus cartas. Es una obra demoledora, contundente. El paisaje queda teñido de violencia, una violencia gratuita que no encuentra rival. No puede contenerse ni erradicarse. El sistema ha perdido la batalla, al menos en la gran ciudad. Y él reclama justicia. No es venganza, no es ojo por ojo. Solo es justicia: hacer lo correcto. Pronto se entablará una relación (cogida con alfileres al principio) entre el detective y nuestra protagonista. Una relación que servirá para consagrar, ahora ya de forma manifiesta y sin tapujo alguno, los principios que lleva impregnados esta obra.

The brave one es una película conservadora. Neil Jordan nunca ha sido un cineasta cercano a la tibieza. Sus películas raramente se mueven en la indiferencia. Él busca la inquietud y la alcanza a lo largo de este metraje. Transmite su mensaje, su realidad. ¿Es esta la solución óptima? ¿La conducta de Erica y el agente Mercer es el modelo a seguir? “There is no going back, to that other person, that other place. This thing, this stranger, she is all you are now” reflexiona la protagonista. No encuentra remedio para su dolor. Y en esa extraña sinrazón, en ese profundo desasosiego parece encontrarse el cineasta. Sus intenciones se encuentran en el límite entre el bien y el mal. Abre el debate, pues, con esta película, ¿qué harían ustedes ante tal situación? parece preguntar. Busca quitar las máscaras que tapan al público, destapar los impulsos más hondos de las personas. No quiere refugiarse en la doble moral ni en la hipocresía. Ofrece de esta manera un universo desolador, un paisaje corrupto y carente de esperanza que toma forma de una mujer sentada en el metro, esperando únicamente otro acto con el que redimir a los desgraciados que pueblan en la sociedad.

Despierta una extraña inquietud y te deja un punto de mala sangre en el cuerpo. Son méritos suficientes los conseguidos, entonces, por esta película. Como digo, me parece una relato muy atrevido y arriesgado. Es un retorno al far west, al tiempo de los justicieros. De hecho, parece como si The brave one hubiese estado financiada por el lobby de la Asociación Nacional del Rifle estadounidense. Más allá de todo esto, lo cierto es que el guion te carcome los nervios. Sientes la agonía de Jodie Foster, una actriz esplendorosa que vuelve a brindar aquí otro recital interpretativo. Sientes la frustración de Terrence Howard, actor que sin hacer mucho ruido siempre destila porte y estilo. Y, por último, te enfadas con el puñetero Neil Jordan, sobresaliente cineasta, por despertar en ti este dilema: ¿el extraño se apoderaría de mí? Te contestas que no, claro está. Buscas interiormente refugio en la ley, en el Estado de Derecho. Piensas que de no ser así, la sociedad no funcionaría, todo se perdería entre tinieblas. ¿En qué tipo de persona me convertiría si no? La violencia solo genera violencia. Sin embargo, esa doble moral, esa panfletaria fachada cívica es la que busca esquivar esta historia. Abre el interrogante y lo deja sin respuesta. “Piensa” te dice Neil Jordan, “¿qué harías tú?” Y en el fondo, solo deseas no verte jamás ante una situación así, que nunca se abra ese dilema para ti.  

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The English patient (1996)

  • english_patient_ver1Reino Unido
  • Dirigida por Anthony Minghella
  • Escrita por Anthony Minghella (Novela: Michael Ondaatje)
  • Interpretada por Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Naveen Andrews y Colin Firth 
  • 162 minutos

“Nuestros cuerpos son los países de este mundo, no las fronteras trazadas en los mapas con nombres de hombres poderosos.”

Son tiempos de guerra. Europa se desangra en un enfrentamiento fraticida que deja, en muchos casos, secuelas irreparables. Es el dolor de la pérdida, del sufrimiento. La herida que sangra a lo largo y ancho de la geografía continental, los vientos de tormenta que conlleva la II Guerra Mundial azotan a los europeos. Ahí, en mitad de la barbarie, es donde enclava su atención el cineasta Anthony Minghella a través de ‘El paciente inglés’, una película de ritmo clásico, cuidadosamente elaborada y absolutamente magistral.

En un monasterio abandonado en lo alto de una colina italiana decide recluirse Hana, una enfermera marchita y penitente. A su vera tendrá a un enfermo terminal, un hombre malherido y derrotado al que apenas le quedan fuerzas ni ánimos para vivir. Ellos dos son Juliette Binoche, conmovedora en esta cinta, y Ralph Fiennes, quienes comparten compañía, sufrimiento y un libro, un libro al que acudir con tal de recordar. Anotaciones, imágenes, sentimientos plasmados en palabras y una inicial que se repite una y otra vez: K. 

La película aguarda en sus adentros una historia de amor tan preciosa como dolorosa. El cineasta consigue emocionar al espectador con una narración servida a fuego lento, adornada por una ambientación de fábula, repleta de personajes espléndidos y con una historia completa, rica y sentimental. Los diálogos están escritos en pleno estado de gracia, mientras que nombres como Kristin Scott Thomas, Naveen Andrews, Colin Firth o el siempre magistral Willem Dafoe enriquecerán un relato al que uno puede recurrir de tanto en tanto, cuando le plazca, pues estamos ante una de esas obras de incansable disfrute.

Un amor furtivo, entrañable, penitente. La eternidad de una espera aguardando a tu ángel de la guarda, en la oscuridad de una gruta, confiando en que aparezca esa luz salvadora. “Sé que vendrás y me llevarás al Palacio de los Vientos”. Una película elegante como pocas que consigue hacernos vibrar gracias al refinado sentimentalismo que destila cada fotograma de su metraje.