The Visit (2015)

M. Night Shyamalan: La visita (The Visit, 2015) Estados Unidos. Terror, con dosis de humor, servido mediante found footage. Escrita por M. Night Shyamalan. Interpretada por Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Olivia DeJonge y Ed Oxenbould. 94 minutos.

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Lo daba por perdido. Pero ha vuelto, aunque sea tímidamente. Después de un periplo donde los (fallidos) blockbuster han deslucido su nombre, M. Night Shyamalan regresa, en cierto modo, a sus raíces. Lo hace acompañado de Jason Blum y su Blumhouse Productions. Ahí está la retahíla de títulos que nos sirve de brújula: Paranormal Activity (íd., 2007), Insidious (íd., 2010), Sinister (íd., 2012) o The Purge (íd., 2013). El tándem artístico opta, además, por recurrir a la técnica del found footage, recordando pues a cintas como Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980), El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999) o [REC] (íd., 2007), por enfatizar los emblemas del subgénero. Presupuesto escaso y derroche de ingenio es el combo elegido entonces por uno de los mejores cineastas de su generación. La pregunta es… ¿funcionarán esta vez las palomitas y Shyamalan?

Pues sí. Inquietante y, a la vez, divertida historia. Poco habitual la mezcla, de ahí el mérito de esta cinta. La puesta en escena plasma el aire que el cineasta le quiere dar al asunto. Es decir, todo parece un divertimento y, hasta cierto punto, una reflexión acerca de cómo está cambiando esto del cine con las nuevas tecnologías. El relato, así, es tan escueto como eficaz: la visita de dos niños a unos abuelos maternos que todavía no conocen vale como pretexto para dar comienzo a esta bacanal de buenos sustos y escenas cómicas. Donde tenían que haber eternas sonrisas y comidas en abundancia aparece ahora el “síndrome vespertino” de la genial Deanna Dunagan -junto con su obsesión por la limpieza… del horno- y el “manejo” de la escopeta del entrañable abuelito, Peter McRobbie. Ellos son el sustento básico de una historia donde también brilla el chaval, Ed Oxenbould, y la joven protagonista, Olivia DeJonge. Sobra el rap y el almibarado mensaje sobre el rencor y la familia. Nada que no se pueda perdonar, más todavía con el giro final (skype de por medio) con el que Shyamalan demuestra que quien tuvo, retuvo. 

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