I like New York in June…

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Jeff Bridges se creía invencible. En estos días, sin embargo, su tristeza solo encuentra refugio en la botella, y en las curvas de la explosiva Mercedes Ruehl. Así, en un suicida rodeo nocturno por una de los mejores Nueva York que nos ha brindado el cine, esa que camina entre el wild side de Lou Reed y el like a rolling stone de Dylan, tropezará con dos imbéciles del tipo universal, de esos que apalean, entre la diversión y el dogma, al outsider. Pero irrumpirá Robin Williams, antaño profesor de Historia medieval, ahora guardián de la noche neoyorquina, para rescatarlo. Y locos perdidos, buscarán el Santo Grial. Buscarán, de esta forma, darle un sentido a sus vidas, ahora que parecen sedientos, como aquel rey pescador. Y con esas, aparece Amanda Plummer con su soledad, con sus casposas novelas románticas, con su torpeza para degustar la comida asiática. ¿Cómo siente la vida un vagabundo? Como cualquier otra persona, a ojos de Terry Gilliam. Faltaría más. Ellos lloran frente al dolor. Y también echan de menos a los que no están. Pero todavía tienen la capacidad de amar, de enamorarse otra vez, de volver a sonreír. Se desnudan para observar las estrellas en Central Park. Se visten con sus mejores vestimentas (¡fabuloso vestuario!) para cortejar a sus chicas. Vuelven a sentirse vivos, a ser felices, mientras canturrean a Sinatra por los pasillos de un manicomio… how about you?  

Terry Gilliam (1991) The fisher king. Escrita por Richard LaGravenese. Interpretada por Jeff Bridges, Robin Williams, Mercedes Ruehl y Amanda Plummer. Estados Unidos

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Good Will Hunting (1997)

Gus Van Sant: El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, 1997) Estados Unidos. Drama romántico. Escrita por Ben Affleck y Matt Damon. Interpretada por Matt Damon, Minnie Driver, Robin Williams y Ben Affleck. 126 minutos. 

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Corría el año 1997 cuando Matt Damon y Ben Affleck se alzaban con la estatuilla al mejor guión de la temporada. Hablamos, por supuesto, de la imperecedera ‘El indomable Will Hunting’, una de de esas historias a las que nunca está de más recurrir. Repleta de frases y diálogos que se impregnan en la memoria de uno, la complicidad de los dos protagonistas de esta película se iniciaba con una pintura y un mensaje: “Cualquier puerto es bueno en una tormenta“.

La clave de bóveda del film es Will, un chico problemático del sur de Boston. Criado sin ternura, sin bondad, sin calidez. Deambulando entre orfanato y orfanato, el pobre chico creció a base de miseria, palizas y soledad. Nadie percibió que aquel muchacho había nacido con un don. Nadie se percató de que era un tipo especial… hasta que un buen día lo hicieron. ¿Qué haría Will ahora? Él no era más que un chaval del sur que disfrutaba saliendo de copas con sus amigos y acudiendo a trabajar honestamente como operario. ¿Cómo se sentirían ustedes si pasasen de ser el chico de la limpieza a genio matemático en apenas dos días?

Vértigo, pues claro. “No sabes lo que se siente al perder a alguien, porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a tí mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo“. Así de claro suena Sean Maguire, el inmortal personaje a quien da vida un espléndido Robin Williams. Es el tipo que sabía cómo estaba montado el negocio, el tipo que sabía de qué iba esto de la vida. Menos mal que se cruzó en el camino de Will a tiempo para gestionar su pasado, su desamparo y sus miedos.

Escondido entre peleas, terapias, acertijos matemáticos y cervezas irlandesas, ‘Good Will Hunting’ es un canto a la calidez del amor. Una bonita historia cargada de humanidad que ahonda en la amistad, en la lealtad, en el compañerismo y en buscarle un sentido optimista a la vida. Pero, sobre todo, habla sobre un chico al que poco le importaba el dinero, la fama y el fasto. Él, después de tanto tiempo y penurias, ya sabía dónde encontrar la felicidad.