Shichinin no Samurai (Seven Samurai) (1954)

  • zz1Japón
  • Drama feudal
  • Dirigida por Akira Kurosawa
  • Escrita por Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto y Hideo Oguni
  • Interpretada por Toshirô Mifune, Takashi Simura, Isao Kimura, Keiko Tsushima y Seiji Miyaguchi
  • 207 minutos

Una mujer llora desconsolada. Maldice a los dioses, maldice su sufrimiento. Es la pobreza, es la guerra, es la inseguridad del Japón medieval la que azota su mísera vida de campesina. Aunque su principal pena no es otra que el crimen y la maldad, el robo de sus cosechas por parte de unos desalmados forajidos. ¿Qué hacer ante esta barbarie? ¿Cómo reaccionar? Lucharán, es la opinión del sabio del lugar. Contratarán el servicio de unos samuráis para castigar al enemigo.

Akira Kurosawa realiza una película sentida, repleta de humanidad y sentimiento. Una narración minuciosa (excesivamente larga) que perfila, con todo lujo de detalles, la psicología de sus personajes. Primero, la tortuosa expedición para reclutar a los samuráis. Luego, la interacción de estos con los habitantes de la aldea y, finalmente, la batalla frente al bandolero. El arte de la guerra, pues, luce con especial gracia en este relato: A good fort needs a gap. The enemy must be lured in. So we can attack them. If we only defend, we lose the war, es uno de los tantos consejos que salen de la boca de estos siete y emblemáticos guerreros. El poder del acero define la quintaesencia de este film, con logradas escenas de violencia, una contundente ambientación (el paisaje parece un actor más) y, como digo, unos protagonistas pulidos en estado de gracia que realzan el valor épico del film. 

La sencillez del relato es su gran tesoro. Vivir y luchar sabiendo que, quizás, el día de mañana no llegue nunca. Lograda está la historia de amor, escondidos entre flores, de Isao Kimura y Keiko Tsushima. Luce con ellos la fotografía de Asakazu Nakai. E imposible de olvidar la nobleza de Seiji Miyaguchi, cuya katana se mueve desde el respeto. Es la solidaridad de los guerreros y el sacrifico de los campesinos. Unos encuentran el sentido de su vida así, aceptando únicamente unos grapados de arroz por sus servicios, mientras que los otros, simplemente, buscan la supervivencia. Una heroica historia que se despide con un punto humano y melancólico: The farmers have won. Not us

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