Boardwalk Empire (2010-2014)

Terence Winter: Boardwalk Empire (2010-2014) Estados Unidos. Génesis sobre la mafia estadounidense. Producida por HBO. Interpretada por Steve Buscemi, Michael Shannon, Kelly Macdonald y Michael Pitt. Aproximadamente 60 minutos. 

«If you want the rainbow (you must have the rain)».

Mejor situarse. Estamos en 1919. Los Estados Unidos han demostrado que tienen músculo de sobra no solo para tumbar a los viejos imperios europeos, sino también para retar al mismo Reino Unido. Han salido airosos de la Gran Guerra, tienen una economía boyante y el futuro, conforme a la Doctrina Wilson, parece solo tener un dueño: ellos mismos. Pero, ¿qué sociedad representan? Los primeros inmigrantes, anglosajones de cuna, comienzan a dar lecciones de cómo debe regirse el país libre por excelencia. El american way of life que intentan imponer los primeros yanquis, ese que devora la teórica tolerancia del melting pot más básico, parece arrastrar consigo un deje tan conservador como puritano: en nuestro país, desde ahora, nadie beberá. Pues bien, los prohibicionistas, con su intachable conducta y sus buenas maneras, llegan al Congreso. Tienen el mando moral… y su propia ley. Es la Ley Seca, una de las más afamadas (por la bufonada que representa) de todos los tiempos. Se han hecho con el poder, de acuerdo. Ahora, en cambio, ve y dile a un irlandés, a un polaco o a un alemán que ya está bien, que se acabó echar ese trago de más. El resultado es fácil de imaginar. Las golferías no se acaban de hoy para mañana. El espacio para los juegos subterráneos queda abierto. De forma tan tonta, se escriben los primeros capítulos de esa cosa llamada crimen organizado.

Jugar con la mejor mano de todas y no ganar la partida, no es lo habitual. Menos todavía si hablamos de la HBO. En pleno boom televisivo, el recorrido de Boardwalk Empire (2010), visto lo mucho que nos ofrece, no parece estar a la altura de lo que le corresponde. El tiempo, como siempre, hará justicia. A nuestro entender, estamos frente a la mejor serie que se ha hecho, de largo, en la otra orilla del Atlántico desde que finalizara The Wire (2002). El buen hacer de Martin Scorsese, fetiche del hampa, está detrás del negocio. No es, pues, cualquier cosa. ¿El autor de la obra? Uno de los padres de Los Soprano (The Sopranos, 1999) junto a David Chase, además de espléndido guionista: Terence Winter. Y sí, vale, lo sabemos, en la época dorada del hampa ya no hay lugar para nadie. Mario Puzo escribió por todos. Pero… y si caminamos veinte años atrás. ¿No había violencia y ambición veinte años atrás? ¿No había sexo y corrupción veinte años atrás? Imagina el hueco que existe entre los Gangs of New York (2002) de Scorsese y El Padrino (The Godfather, 1972) de Coppola. Más allá de la monumental Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), firmada por Sergio Leone, nadie ha tratado el asunto como merecía. Pocos se han adentrado ahí, aunque el camino está libre, reclamando que alguien lo recorra. Y Terence Winter no le tiene miedo al reto. Acepta la propuesta de la HBO. Tiene un proyecto, por fin, para poder demostrar su valía. La partida ha comenzado.

Ahora, viajamos a 1931. Es decir, la zona cero de la mafia italoamericana. Nacen, en ese momento exacto, las Cinco Familias de la Cosa Nostra. Son los Bonnano, los Colombo, los Gambino, los Genovese y los Lucchese. El cine las inmortalizó a través de una obra maestra en la que Coppola decidía, por aquello de evitar enredos, cambiarles el nombre. Pero estaban allí. Dominaban Nueva York y, con ella, las calles de los Estados Unidos. El asunto era importante. Tenían sus propias inercias, su particular manera de entender el negocio. Funcionaban, egoísmos y vanidades aparte, a las mil maravillas. Desde el boss al soldado pasando por elconsigliere, todos sabían cuál era su lugar. Pero, ¿dónde comenzó todo? En esencia, es la respuesta que nos brinda Boardwalk Empire cuando destripa, con una destreza (vestuario, dirección artística y fotografía) al alcance de muy pocos, el tiempo exacto que camina de 1920 a 1931. Al final, es la construcción de un imperio de lo que aquí se habla. Tiene el mérito añadido de no haber volcado su atención principal (como casi siempre) en la ciudad de Nueva York. Esta se queda en un segundo plano. Optan, en cambio, por la ciudad vecina, por su casa de putas: Atlantic City. Sin olvidar que el triángulo gangsteril se completa con buen gusto gracias a esa ciudad a la que le escribieron verdaderas elegías cineastas como Brian De Palma (The Untouchables, 1987) o Sam Mendes (Road to Perdition, 2002): Chicago.

La figura central del relato no es otra que la de Enoch ‘Nucky’ Thompson, conocido, en la vida real, como Enoch Johnson. Es él, Steve Buscemi, quien maneja los hilos en Atlantic City. Ha levantado un imperio de sonrisas soberbias, de vicios caros y de billeteras bien llenas. Detrás de su estudiada mirada, sin embargo, se esconde un sentimental. Uno, además, sin familia ni hogar. Por eso, rescata a Margaret Thompson. ¿Se le puede, en todo caso, disputar el trono? La valentía de James ‘Jimmy’ Darmody (el segundo mejor personaje de la serie) o la cobardía del hermano menor del tirano, Eli, tienen la llave de la respuesta. En cualquier caso, todos estos lucen unas manos igual de sucias que las de aquel. Y eso, más tarde o más pronto, comporta un dilema moral, una lucha interior. ¿Acaso se le puede plantar cara a la corrupción? El agente Nelson Van Alden sabe mejor que nadie el porcentaje de éxito. Chalky White, por su parte, reclamará, con artimañas de chantajista, lo que es suyo o, dicho de otra manera, lo que le pertenece a la comunidad afroamericana… ¡hasta el tema racial absorbe el guion! En todo caso, ¿cómo se hace para sobrevivir en ese bosque rodeado de lobos? Los ojos de Gillian Darmody hablan por sí solos. Todo ello hasta llegar, gustos personales, al mejor personaje de la serie y, por qué no decirlo, unos de los mejores personajes que ha dado nunca la televisión: el hipnótico Richard Harrow, veterano de guerra. Entre todos, cargan las pilas de la empatía.

Poder y violencia. Tomas una y das la otra. Es el día a día de ‘Nucky’. Las botellas de whisky flotan en el mar. Algún carguero ha fallado esa noche. Un coste variable más en su análisis empresarial. Son sus dos caras, la del político y la del empresario, resumidas en una sola: la del gángster. Y aquí, precisamente, es donde destaca el mérito principal de la serie: combinar la ficción con la historiografía. A la deslumbrante galería de secundarios citada en el párrafo anterior, se le unen nombres propios de peso: Al Capone, Johnny Torrio, Charles ‘Lucky’ Luciano, Meyer Lansky, Arnold Rothstein, Joe Masseria o Salvatore Maranzano. Esto del lado de los “malos”. De parte de los “buenos” tenemos, por ejemplo, a Edgar Hoover o Eliot Ness. La crème de la crème, pues, para representar el contrabando de licores en la era de la prohibición. Un negocio rentable… aunque conlleva sus riesgos. Nuestro protagonista soborna, amenaza o mata a quien se oponga a sus deseos. Tanto da que sea un político que un federal, un amigo que un hermano. Esa es la época a la que nos traslada Terence Winter. Esos días, como decimos, en los que el crimen organizado le da forma y sentido a esta última etiqueta. Pero, ¿tiene esto futuro?

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Ghost world (2001)

  • ghostworldEstados Unidos
  • Adolescencia
  • Dirigida por Terry Zwigoff
  • Escrita por Daniel Clowes y Terry Zwigoff
  • Interpretada por Thora Birch, Steve Buscemi y Scarlett Johansson 
  • 111 minutos 

Dos jóvenes dicen, por fin, adiós al instituto. Terminan de esta manera una de las etapas más aburrida de sus vidas. El acto de graduación, los discursos protocolarios, el baile de despedida… digamos que les estorba. Estas chicas son un poco alternativas, diferentes. Y por si esta aura de rebeldía no fuese suficiente, han decidido que no marcharán a la universidad. Simplemente quieren coger un trabajo (el que sea) y vivir juntas. Toda una revolución juvenil ideada en sus mentes. 

Un plan de vida austero, tranquilo y, en cierta manera, grandioso. Son dos adolescentes incomprendidas luchando contra gigantes. Las conversaciones con los chicos (siempre hablando de deporte) no les terminan de hacer gracia. Tampoco las insoportables compañeras de clase con sus altavoces pregonando sus maravillosos y espléndidos planes de futuro. Por no hablar de las clases de repaso de Arte en verano (muy divertido el papel de la profesora). Y así, sin poco más que hacer, alternan las tardes de cafetería con los paseos por las calles de su ciudad observando a la gente: un anciano que espera sentado la llegada de un autobús que le permita salir de esa ciudad; una potencial pareja de satánicos; y un joven dependiente al que torturar con sus enredadas intenciones.

Así, un buen día, leyendo el periódico, se fijan en un anunció muy friki que en él aparece. Es un hombre que lanza al cielo un grito en busca de una extraña mujer que un día llamó su atención. El tipo debe ser un loco (desesperado y potencial psicópata), como mínimo, para publicar algo así. Nuestras protagonistas también lo piensan. Y les da por hacer una gracia. Orquestan una cita a ciegas con él. Una gracia que terminará llevando a Thora Birch hacia los enredos del amor. Esta quedará atrapada por las rarezas y manías de un solitario tan entrañable como Steve Buscemi.

La vida de estas dos muchachas… cambiará. Esa explosión de negación que representan comenzará a silenciarse. ¿Caerá Thora Birch en la alineación? ¿Y Scarlett Johanson? Las dos vomitaban al escuchar los futuros empresariales de sus compañeros. Las dos se reían del conformista adolescente que, resignado, comenzaba a escribir las primeras páginas del trabajo de su vida: dependiente de una cutre tienda. Pero ahora, ahora el instituto ha terminado. Thora Birch ha quedado prendada -qué tonta y graciosa historia de amor- por el patetismo que define a Steve Buscemi, mientras Scarlett Johansson parece absorta por la maquinaría de alineación consumista: sirve café, recibe un sueldo, comienza a labrar su ramplona vida material y continúa sirviendo café para sostener por largo tiempo este círculo de mediocridad. Para mí, es el mejor personaje. Dos pinceladas, correctas y sencillas, le bastan al director para arremeter tan brutalmente contra todos. Total que la efervescencia con la que despedían el instituto, aquella ensoñación rebelde y juvenil comienza a acallarse tan trágicamente.

El arte de ser un inadaptado. Esa es la máxima de esta película, la ideología que sustenta cada uno de sus trazos. Terry Zwigoff elabora una catedral de soledad, frustración y extrañeza a través de Ghost World. ¿Qué habremos hecho mal? se preguntan los protagonistas de esta historia. El guion nos asoma así al borde del precipicio. Son una versión alternativa y freak del manido “rebelde sin causa” que inaugurara en los años cincuenta el malogrado James Dean. La incomprensión juvenil se convierte en una alargada sombra que escapa de los límites del tiempo. Thora Birch y la estupenda Scarlett Johansson comienza a conocer de primera mano las inercias de una sociedad -la capitalista/consumista- que no termina de hacerles gracia. Pero, ¿cuál es la alternativa? Son niñas y el amor, aunque no lo quieran reconocer, pulula por sus mentes. Quizás esta sea la solución. Sueñan con encontrar a alguien que las comprenda, alguien que haga sus vidas más llevaderas. Y Thora Birch lo ha hecho… se ha enamorado, pero de… ¡Steve Buscemi!

Los errantes solitarios son el eje de este maravilloso relato. Desde la incomprendida niña que recién se gradúa en el instituto hasta el anciano hombre que espera pacientemente sentado en un banco sin olvidar, por supuesto, a ese cuarentón misántropo cuya vida radica en amasar una colección de vinilos. La galería de personajes secundarios sirve para elaborar una radiografía de la sociedad occidental a principios de siglo XXI. Una sigilosa y escurridiza obra que desgrana, convirtiendo el patetismo en pura épica, algunas de las manías de esta sociedad.