A streetcar named Desire (1951)

  • streetcar_named_desire_xlgEstados Unidos
  • Drama sureño
  • Dirigida por Elia Kazan
  • Escrita por Tennessee Williams (Obra teatral: Tennessee Williams)
  • Interpretada por Vivian Leigh, Marlon Brando y Kim Hunter
  • 122 minutos

“But some things are not forgivable. Deliberate cruelty is not forgivable!”

Vivian Leigh abandona su Mississippi natural camino de Nueva Orleans para reunirse con su hermana, Kim Hunter. Esta se ha casado con un norteamericano de ascendencia polaca, un inconmensurable Marlon Brando. Viven en un piso humilde, sin lujos, enclavados en el barrio francés de la ciudad. Están enamorados, esperan la llegada de un hijo y, ahora, deberán aceptar la convivencia con la recién llegada: una auténtica dama, en palabras de su hermana, que deberá adaptarse a la idiosincrasia de su nuevo hogar y, sobre todo, al carácter de su temperamental cuñado.

Las partidas de póker, el alcohol y los gritos tienen una importancia capital en esta cinta. Marlon Brando ofrece un recital tremendo interactuando con ellos tres. Él es un bravucón de corazón blando que cala desde el primer momento a su cuñada, Vivian Leigh. Esta, es una inocente mujer que hace tiempo, mucho tiempo, perdió el rumbo de su vida. Un traumático romance la dejó en un estado lamentable. Ahora se refugia en la magia, en la fantasía y, por qué no decirlo, en la locura para tratar de disimular el crepúsculo en el que se ha convertido su vida. Su hermana, una estupenda Kim Hunter, tratará de ayudarla, de volver a insuflar la alegría en ella. Pero esa casa, esas paredes, esa convivencia. Ese pequeño habitáculo, cochambroso y asfixiante, explotado al máximo por las cualidades narrativas de Elia Kazan, se convertirá en una batalla sin cuartel: los papeles de la propiedad perdida; el precio de las pieles; los eternos baños calientes; la música y el baile; el coqueteo con sus amigos… todo, todo ello desquiciará a Brando, dispuesto a arremeter con todas sus fuerzas frente a la figura, desvalida a más no poder, de Vivian Leigh.        

Película oscura la propuesta por Elia Kazan en Un tranvía llamado Deseo. Alineada claramente dentro de los límites que ofrecen los cánones del drama sureño, ese género que tan bien dominaba un escritor como Tennessee Williams, la historia se marchita al compás que marca Vivian Leigh. El cruel villano no es otro que Marlon Brando, aupado al estrellato después de la brutal exhibición aquí brindada. Entre ambos protagonizan una lucha feroz, una guerra de caracteres de final sombrío y triste. No podía acabar de otra manera. O quizás sí. ¿Qué hubiese pasado si Brando le hubiese brindado una sonrisa a Leigh? ¿Aquella hubiese encontrado la felicidad? Es posible, pero de ser así, jamás hubiese existido una película tan pesarosa como esta. La escena final de Kim Hunter, con el adiós a su propio amor, supone el cierre perfecto a una historia en la que, para bien o para mal, nadie sale ganando. 

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Suddenly, Last Summer (1959)

Joseph L. Mankiewicz: De repente, el último verano (Suddenly, Last Summer, 1959) Estados Unidos. Drama sureño. Escrita por Tennessee Williams y Gore Vidal. Obra teatral de Tennessee Williams. Interpretada por Elizabeth Taylor, Montgomery Clift y Katharine Hepburn. 114 minutos.

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¿Qué le sucedió a Sebastian? Esa es la gran incógnita que envuelve a la obra de Tennessee Williams, llevada a la gran pantalla por Joseph L. Mankiewicz y humanizada en las figuras de Montgomery Clift, Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor.

A base de conversaciones en el jardín, centros hospitalarios, herencias codiciosas y lobotomías, la narrativa de Mankiewicz, tan sutil y pausada, nos irá sirviendo esta trágica historia a fuego lento. Cautivados por el misterioso argumento, nuestro sistema nervioso se irá corrompiendo al observar el angosto escenario diseñado, esencializado éste en el  desesperado llanto de Elizabeth Taylor.    

En fin, una película extrañamente atractiva y cuya virtud principal reside en su peculiar narrativa, de claro ritmo in crescendo. El sinsabor coge forma en la figura de la hermosa Elizabeth Taylor, quien esconde, entre agonías, sudores fríos y paranoias, la verdad sobre lo acaecido el pasado verano.