L’eclisse (1962)

Michelangelo Antonioni: El eclipse (L’eclisse, 1962). Italia. Trilogía de la incomunicación. Escrita por Tonino Guerra, Michelangelo Antonioni y Elio Bartolini. Interpretada por Alian Delon, Monica Vitti y Francisco Rabal. Fotografía de Gianni di Venanzo. 126 minutos. 

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Un minuto de silencio en la bolsa de Roma… ¡qué locura es esta! piensa Alain Delon. La broma cuesta varios millones de liras. Cacarean, sudan y se empujan entre ellos. Es el gallinero de las finanzas. De allí sale un tipo que ha perdido cincuenta millones. Un mal día que arregla dibujando flores en una servilleta. Lo observa Monica Vitti, quien pasea por la ciudad tratando de encontrarse. Visita a su madre, a su amiga. Mientras tanto, olvida a Francisco Rabal, su último amor. Un libro, una catedral o un hombre, todo le parece lo mismo. ¿Conocerá algún día al chico de su vida? Todos parecen igual de perdidos que ella. Michelangelo Antonioni realiza una puesta en escena espléndida. Si uno pierde… ¿quién gana? Le pregunta ella al arrogante francés. No entiende nada. Tampoco lo entiende a él. La artificialidad vence. Se abrazarán, aunque sus miradas no se conecten. Quedarán a la misma hora y en el mismo lugar, pero ya nadie aparecerá. La fotografía de Gianni di Venanzo recoge ese vacío. El paisaje burgués, la geografía urbana y el silencio hablarán, una vez más, sobre la soledad.

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La notte (1961)

Michelangelo Antonioni: La noche (La notte, 1961). Italia. Trilogía de la incomunicación. Escrita por Tonino Guerra, Michelangelo Antonioni y Ennio Flaiano. Interpretada por Jeanne Moreau, Marcello Mastroianni y Monica Vitti. 122 minutos. 

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Milán. La ciudad despierta mientras un moribundo se apaga en la cama de un hospital. Marcello Mastroianni lo visita en compañía de su esposa, Jeanne Moreau. Ella se marcha primero, aturdida. Él sale después. Una joven se le abalanza. Tiene una mirada de obsesión y desquicio. Repele y atrae a la vez. Su esposa, mientras, camina sin un destino concreto. Ve cómo se golpean dos chavales en una pelea. Oye el estruendo de los cohetes con los que se entretiene la juventud. Parece un barrio humilde. Un barrio que ni ella -hija de una familia bien- ni él -escritor e intelectual- conocen de cerca. Se mueven en otros círculos. Parecen cansados. Deciden salir a cenar: casi no hablan, no se miran, no se atienden. ¿Realmente se quieren? Acuden a una fiesta de un industrial milanés. Ambiente farandulero y vomitivo, pero cargado de atractivas mujeres. Él tontea con una rubia, admiradora de su obra. Ella observa con indiferencia la estampa mientras huye, bajo la lluvia, en el coche de otro hombre. Ha visto a su marido acariciar y besar a la guapísima Monica Vitti. Y no siente nada. Quiere morirse. Morir por piedad. Tuvieron días felices. Ahora, en cambio, él no recuerda ni sus propias palabras. La noche ya no les pertenece.