I vitelloni (1953)

Federico Fellini: Los inútiles (I vitelloni, 1953) Italia. Drama. Escrita por Federico Fellini, Tullio Pinelli y Ennio Flaiano. Interpretada por Franco Fabrizi, Leonora Ruffo y Franco Interlenghi. 107 minutos. 

i vitelloni

En una ciudad arrimada al Adriático, bien podría ser Rimini, viven cinco jóvenes amigos. Ellos son los vitelloni: sus días pasan como si nada. Es la derrota entregada antes de tiempo. La eterna -y, por tanto, contradictoria- juventud. El angosto pozo del que no pueden escapar. Salen, pasean, charlan, divagan y se divierten. La plaza desierta, al amanecer, es su final de trayecto para una larga noche. Pero todo destila tristeza. La desafección moral parece apoderarse de ellos. Las melancólicas olas esbozadas por Federico Fellini lo iconizan todo. El personaje de Fausto, encarnado por Franco Fabrizi, podría ser la clave de bóveda del film: ha dejado embarazada a la hermana de uno de sus mejores amigos y no le queda otra que casarse con ella… a pesar de que no la quiere. La vida bohemia parece no encajar en el corsé tradicional en el que habitan sus vecinos. Cadena perpetua para él. Y pobre Sandra -estupenda Leonora Ruffo-, por cierto. Los dilemas de aquel son los dilemas de la película. Una vez más, el vacío vence espacio. Y no queda otra que huir. La farsa ya no se sostiene más a ojos de uno de los protagonistas. Fabuloso el grisáceo y retraído adiós de Moraldo, un Franco Interlenghi que va camino hacia la incertidumbre y que deja atrás una vida que no quiere para sí: se despide en silencio del desánimo.      

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Le notti di Cabiria (1957)

  • le nottiItalia
  • Neorrealismo
  • Dirigida por Federico Fellini
  • Escrita por Federico Fellini, Ennio Flaiano y Tullio Pinelli
  • Interpretada por Giulietta Malsina, Franca Marzi y François Périer  
  • 110 minutos

Es la tristeza la que me invade cuando termina Las noches de Cabiria. Una tristeza, en todo caso, esperanzadora. Guardo así la sonrisa final de Giulietta Malsina, caminando de nuevo, acompañada por un gentío alegre y feliz, sin saber muy bien cuál será el destino de su vida. No le queda otra a nuestra errante protagonista. Habitante de la melancolía, sus paseos nocturnos por Roma no son más que una escala en su largo viaje, ese que le llevará a encontrar la compañía y el amor de un buen hombre.

Un chulo que la lanza sin titubeos al río. Un ricachón que se entretiene con ella. Un buen samaritano que la trata con delicadeza. Y una afectuosa sonrisa repleta de ilusiones y promesas. Son las noches, y los hombres, de Cabiria. No tiene una vida fácil esta pobre alma. Por eso, quizás, le pide ayuda al cielo: cambiar de vida, huir de la infelicidad, evitar la sorna. Giulietta Malsina realza con su interpretación el sentimiento que posee la escritura de Federico Fellini, de Tullio Pinelli, de Ennio Flaiano. Nada falla en este film. La fotografía de Aldo Tonti lo baña todo con una capa de amargura, mientras que Fellini observa el paisaje, avanza tranquilamente, sumergiéndose en el llanto, pero guardando una pizca de ilusión para seguir en el camino. Una película, aún en su tristeza, preciosa.