City lights (1931)

  • Luces_de_la_ciudad-411568443-largeEstados Unidos
  • Romántica
  • Dirigida por Charles Chaplin
  • Escrita por Charles Chaplin
  • Interpretada por Charles Chaplin y Virginia Cherrill
  • 87 minutos

Andar por las aceras de la ciudad. Y encontrarse, de repente, con una chica guapísima. Una chica de la que enamorarse. Es lo que le sucede a Charles Chaplin con Virginia Cherrill. Él es un náufrago en la ciudad, y ella una pobre ciega que sobrevive vendiendo flores. Aun en su pobreza, en su desconsolada existencia, podría decirse que ellos son las luces de la ciudad a las que evoca el título. Sin embargo, ella cree que él es rico. La ayuda, le compra flores y le promete no solo sacarla de la pobreza, sino también devolverle la vista. Además, siempre que se cruza con él… hay un coche de por medio. ¿Quién, si no fuese rico, se podría permitir un coche? El inocente vagabundo, con tal de sentir su compañía, le hará creer a aquella que todo es cierto, que él es un acaudalado millonario. 

El bondadoso Chaplin, sin embargo, tan solo tiene riqueza en el corazón. La compañía nocturna de un millonario borracho (genial la bipolaridad de este), un combate de boxeo, unos días como barrendero y hasta un paseo por la cárcel. Lo que sea con tal de agradar a su chica, esa de la que está tiernamente enamorado. Así, las risas y las lágrimas se acompasarán entre sí. El maestro se mofa del dinero, de la vida material y antepone el sentimiento por encima de cualquier otra cosa. Es su declaración de guerra, aun en plena depresión, aun en los grisáceos años treinta. El amor como remedio de la pobreza.

Chaplin está fabuloso. Y Cherrill luce estupenda. Los dos le dan forma a esta oda al amor ciego. Un tesoro de afecto y gratitud, de tapizado interclasista, que nos regala una escena final maravillosa, imposible de olvidar. Los ojos de ella, finalmente, logran ver. Y allí no aparece un príncipe azul. Su lugar lo ocupa un vagabundo, más vencido por la vida que nunca. Es la ironía de esta última… a veces, quien menos tiene es quien más da. Pura emoción. Obra maestra.    

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