Do lok tin si (1995)

Wong Kar-Wai: Fallen Angels (Do lok tin si, 1995) Hong-Kong. Drama romántico. Escrita por Wong Kar-Wai. Fotografía de Christopher Doyle. Interpretada por Michelle Reis, Leon Lai, Karen Mok, Charlie Yeung y Takeshi Kaneshiro. 96 minutos.

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El desencanto reina en Hong-Kong. Al anochecer, Michelle Reis limpia una pequeña y escondida habitación. Prostituta del deseo, se ha enamorado de la sombra de su socio, Leon Lai. No le conoce, aunque le prepara los trabajos como sicario. Nunca lo ha visto. Pero le quiere. Él, ajeno a todo esto, ansía conocer a su chica. ¿Aparecerá algún día? Puede que sí, pero no en la figura de la efusiva Karen Mok, otra derrotada del amor. Y todo explota. La trama se pierde, se torna relativa. Importa más un pequeño gesto, un primer plano, una canción o una simple frase. Sublime, en este sentido, el trabajo de Christopher Doyle, quizás en la que sea su obra más completa. La estética (casi) se impone al relato. El boceto, en cualquier caso, lo conoce a las mil maravillas Wong Kar-Wai. Los extraños náufragos deambulan por la melancólica noche. Queda la incomprensión, la soledad y el amor perdido. Ejemplo de ello, Charlie Yeung. Se abriga, aunque sea fugazmente, en la compañía del genial Takeshi Kaneshiro, el chico que enmudeció por comer tantas piñas enlatadas. Es la conexión con su película gemela, Chunking Express (Chung Hing sam lam, 1994). Aquella tenía un punto esperanzador que aquí se esfuma por completo. El cineasta le continúa escribiendo versos, tan emotivamente, a sus obsesiones.   

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Chung Hing sam lam (1994)

Wong Kar-Wai: Chunking Express (Chung Hing sam lam, 1994) Hong-Kong. Drama romántico. Escrita por Wong Kar-Wai. Fotografía de Christopher Doyle y Wai-Keung Lau. Música de Frankie Chan, Roel A. García y Michael Galasso. Interpretada por Takeshi Kaneshiro, Brigitte Lin, Tony Leung y Faye Wong. 102 minutos. 

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Takeshi Kaneshiro, policía número 233, colecciona latas de piña (la fruta favorita de May, su ex) que caduquen el 1 de mayo, fecha de su cumpleaños. No lejos de allí, Brigitte Lin –femme fatale– pierde una importante cantidad de cocaína. La gabardina, la peluca rubia y las gafas de sol le protegen. Una lata de piña, sin embargo, le recuerda que el tiempo apremia. Y así, en una noche tan triste como angustiosa, se conocen. A la vuelta de la esquina aparece Tony Leung, policía número 633. Su novia, azafata de vuelo, se marchó sin decir adiós. Y la solitaria tristeza puede con él. Gana la melancolía. Esta última, justo, enamora a la extrovertida camarera del Midnight Express, el bar donde aquel acude cada noche para beber su café solo. Ella es Faye Wong, decoradora de primer nivel. Alegre como el sol, lucha por pintar un arcoíris en la vida de este náufrago. Y así, se enamoran.

Wong Kar-Wai vuelve a jugar con el tiempo y el destino. Vuelve a combinar el amor y la soledad, su tema predilecto. Explotan las emociones en un barrio periférico de Hong-Kong. Allí donde reinan las luces de neón, el desamor señala a dos infelices cualquiera y, sin más, comienza la incansable búsqueda. Los pensamientos se vuelven transparentes. Y comienza el recital de natural sentimiento. La estética visual se impone mientras suena, con especial gracia, California Dreaming. La fotografía de Christopher Doyle y Wai-Keung Lau (genial el contraste frío-calor de las dos historias) encuadra, versos en movimiento, las imágenes de una película fabulosa en la que, gusto personal, se dibuja el sutil mensaje del cineasta sobre una servilleta: es un billete para la esperanza.  

Ah fei zing zyun (1990)

Wong Kar-Wai: Días salvajes (Ah fei zing zyun, 1990) Hong Kong. Drama romántico. Escrita por Wong Kar-Wai. Interpretada por Leslie Cheung, Maggie Cheung, Andy Lau y Carina Lau. Música de Terry Chan. Fotografía de Christopher Doyle. 95 minutos. 

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Son los años sesenta en el Hong Kong del amor perdido. Los náufragos de esta narración no encuentran su lugar para siempre. La felicidad es fugaz. Parte de culpa la tiene Leslie Cheung, ese pájaro sin patas que solo puede volar. Nunca tuvo madre y, ahora, se siente incapaz de echar raíces, de querer a ninguna mujer. Es la frustración lo que le carcome, esa que se desata, principalmente, frente a su institutriz, una vieja prostituta. Esa que le rompe el corazón, primero, a la estupenda Maggie Cheung y, después, a la temperamental Carina Lau. Aquella, devota del olvido, es el mejor personaje del film. Destila melancolía cada una de sus palabras, especialmente cuando las intercambia con el solitario marinero, Andy Lau. Más que días salvajes (exceptuando la violenta escena en Filipinas), Wong Kar-Wai hilvana una historia de días miserables. La música nunca falla en sus películas. La incapacidad de amar y ser amado es la principal nota de su composición. La lluvia no arrecia. Tiene ese punto triste, tan bien enmarcado por Christopher Doyle. Es el imposible del amor de lo que se habla en cada uno de estos versos.

Ciclo El imposible del amor: Hong Kong, años 60

  • Wong Kar-Wai: Días salvajes (Ah fei zing zyun, 1990)
  • Wong Kar-Wai: Deseando amar (Fa yeung nin wa, 2000)
  • Wong Kar-Wai: 2046 (íd., 2004)

Wong gok ka moon (1988)

Wong Kar-Wai: El fluir de las lágrimas (Wong gok ka moon, 1988) Hong Kong. Drama romántico. Escrita por Wong Kar-Wai. Interpretada por Andy Lau, Jacky Cheung y Maggie Cheung. Música de Ting Yat Chung y Teddy Robin Kwan. Fotografía de Wai Keung Lau. 102 minutos. 

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Solo un artista como Wong Kar-Wai podía debutar en el cine de una forma tan deslumbrante. Le bastan poco más de ochenta minutos para demostrar el talento que atesora. Lo hace luciendo con galantería una historia fraternal, también romántica, alentada por el universo que acompaña a las mafias chinas. Su protagonista, Andy Lau (Wah), es un gangster de poca monta, aunque serio y expeditivo: se ha forjado un nombre en la calle. Las “malas calles” de las que hablaba Scorsese. Todo lo contrario que su hermano pequeño, Jacky Cheung (Fly), un temperamental joven a quien los (violentos) problemas se le acumulan. Gracias a ellos el cineasta pincela una historia de amor fraternal en la que el sentido de la lealtad, siempre manifiesto, eclosiona brutalmente en un final demoledor. Por el camino, queda la redención del protagonista a través del amor. También suena maravillosamente la música. Y luce estupenda Maggie Cheung, fiel enamorada. Por cierto, un trabajo de fotografía espléndido. La puesta en escena deja varios momentos para enmarcar: el primer beso, los pasos en la escalera y el gusto por la poética violencia. Todo con un punto final de sutil melancolía.