Breaking bad (2008)

  • Breaking_Bad_Serie_de_TV-504442815-largeEstados Unidos
  • Creada por Vince Gilligan
  • Interpretada por Bryan Cranston, Aaron Paul, Anna Gunn y Dean Norris
  • AMC
  • 5 temporadas

Cuando comencé a ver Breaking bad, jamás sospeché que me iba a gustar tanto. Todos hablaban muy bien de ella, sí. Pero yo no terminaba de hacerme a la idea de cómo un aburrido profesor de química de enseñanza secundaria conseguiría amenizarme la velada a través de una serie de andanzas gangsteriles. ¿En serio? Sobre el papel, Walter White no se parecía en nada a nombres clásicos como Tony Montana, Santino Corleone o Al Capone, ni siquiera a los protagonistas de productos más recientes como The Sopranos (1999), The wire (2002) o Boardwalk empire (2010), por nombrar tan solo a algunos de ellos. Pero ahí estaba la AMC, dispuesta a revolucionar el género.   

Por tanto, a Vince Gilligan, creador de la serie, le debemos mucho. Su transgresora idea se ha plasmado maravillosamente en la pequeña pantalla a lo largo de cinco temporada de ensueño. Creo que estos primeros años del siglo XXI se recordarán, en lo que respecta al cine, por ser la época de esplendor de las series televisivas. Y, desde luego, Breaking bad ocupará un lugar privilegiado en la historia de las mismas.

Se despide con el final perfecto. Un punto liberal y gamberro derivado del lema live free or die. Esto es el negocio del narcotráfico mostrado de una inusual manera. Un título que ha permitido que nombres como Bryan Cranston (Walter White), Anna Gunn (Skyler White), Dean Norris (Hank Schrader) o Bob Odenkirk (Saul Goodman) se luzcan de lo lindo. Pero, manías personales, me quedo con Aaron Paul y su penitente Jesse Pinkman. En definitiva, una obra maestra. 

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Argo (2012)

Ben Affleck: Argo (íd., 2012) Estados Unidos. Cine político con tintes diplomáticos. Escrita por Chris Terrio. Interpretada por Ben Affleck, John Goodman, Alan Arkin y Bryan Cranston. 120 minutos.

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Me alegré al ver que Ben Affleck conseguía los dos Globos de Oro más importantes de la última edición, pues Argo era la triunfadora de la noche al llevarse los galardones de mejor película dramática y mejor director. Casi nada. Digo lo de alegrarme porque es un tipo que desde que cogió las riendas de la dirección no ha defraudado a nadie. Adiós pequeña, adiós (Gone Baby Gone, 2007) era una ópera prima demoledora, un mugriento y escabroso paseo por las periféricas calles de Boston. Más de lo mismo sucedía con The town (íd., 2010), una verdadera obra maestra en la que el cineasta ya demostraba que lo suyo no era fruto de la casualidad. Y apenas dos años después nos topamos con la cinta que aquí nos atañe.

Brillante relato, cargado de nervio y pujanza, que consigue inquietarnos la velada. Me ha gustado el énfasis puesto en el aspecto cualitativo de la barbarie, en el sufrimiento de esos desgraciados que no conseguían ver la luz al final del túnel. Por momentos angustiosa, el pulso se nos acelera al compás marcado por el ritmo in crescendo de Ben Affleck. Éste simplemente nos ha contado una anécdota, al fin y al cabo, dentro de lo que fue la revolución del Ayatolá Jomeini en Irán. La gracia del asunto es el cómo ha sido contada. Precisión, oficio y tensión. 

En fin, una película con poso. Un thriller político cautivador, de intachable factura técnica, bien escrito y magistralmente dirigido. Además, tiene la suerte de contar con un plantel de secundarios (Bryan Cranston, John Goodman, Kyle Chandler, Alan Arkin) de auténtico escándalo. ¿Quieren sentir lo que es ser diplomático allá donde no cabe la diplomacia? Entonces, pasen y vean.