Adaptation. (2002)

Spike Jonze: Adaptation. El ladrón de orquídeas (Adaptation., 2002) Estados Unidos. Película inclasificable que habla sobre lo difícil que es escribir… y vivir. Escrita por Charlie Kaufman y Donald Kaufman. Novela de Susan Orlean. Interpretada por Nicolas Cage, Meryl Streep, Chris Cooper, Cara Seymour, Tilda Swinton, Brian Cox y Maggie Gyllenhaal. 114 minutos. 

Te sientas frente a la máquina de escribir. Te sientes patético. No te gusta tu vida. Pero tienes que escribir, pues eres guionista de cine. Tu nombre, imagínate, es Charlie Kaufman. Y escribes una historia sobre las plantas, aunque no le encuentras el dramatismo a la historia. ¿Cómo emocionar, cómo darle vida? Brian Cox responde vehemente: todos los días sucede algo. Hasta el introvertido de Charlie Kaufman, digo Nicolas Cage, tienes sus historias. Aunque no las ve. Se siente igual de patético. También gordo. Le irrita hasta la figura de su propio hermano gemelo, Donald Kaufman. ¿Por qué no se atreve a decirle a Cara Seymour que la quiere? En fin, es un mar de complejos. Y sigue teniendo que escribir sobre plantas y orquídeas. Por eso están en la pantalla Meryl Streep y Chris Cooper, inmensos ambos, escenificando lo mutable que es la vida. Es la “adaptación”. Ya tenemos título. Tú aguantas ahí, cómplice. Así que le quitamos capas a la cebolla. El descontento existencial se baña en las inquietantes aguas del asesinato. ¿Qué ha sucedido? La comedia patética sobre el hombre solitario del siglo XXI se transforma, sin previo aviso, en puro romanticismo. Es la flor que crece en el asfalto. Todo parece feliz, por fugaz que sea. Lo ha hecho Spike Jonze: tiene una película de fábula.      

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Matewan (1987)

John Sayles: Matewan (1987) Estados Unidos. Drama social para descarnar la lucha obrera estadounidense. Escrita por John Sayles. Interpretada por Chris Cooper, David Strathairn, Mary McDonnell, Gordon Clapp y Kevin Tighe. Fotografía de Haskell Wexler. 132 minutos. 

matewan

Un retal de historia es lo que nos trae John Sayles cuando decide situarse en la década de 1920, esa bautizada en los manuales como “los felices años veinte”. No tan felices parecen en las minas de West Virginia, cerca de las calles de Matewan. Allí, los mineros luchan por algo tan simple como sindicarse. Es la lucha obrera de lo que aquí se habla o, mejor, de algo tan difícil como alcanzar la unión entre trabajadores. ¿Nadie leía a Marx en los Estados Unidos? ¿Por qué luchan trabajadores contra trabajadores? Blancos, negros e italianos… todos ellos comparten, al menos en la escala de la igualdad, el mismo escalafón social. En este sentido, el personaje de Chris Cooper se encarga de darle el tono necesario a la reflexión política que suscita el guion de Sayles, al tiempo que alienta la conciencia crítica. La fotografía de Haskell Wexler encuadra la vida en aquellos paisajes, capta la atmósfera viajando con naturalidad hacia unos escenarios históricos perfectamente recreados. Es una película bañada en el realismo social. Es sencilla y veraz. El personaje de Mary McDonnell (protagonista de Bailando con lobos, 1990) deja entrever las ásperas condiciones de vida de la clase trabajadora. Detrás de todo el cuajo político que posee el film, además, se esconde una narración servida como un verdadero western… a la inversa. Recuerda un tanto a John Ford. La épica la marca la lucha por sofocar la injusticia. El personaje de David Strathairn, en este sentido, es monumental: su mirada aterra especialmente cuando se cruza con los “malos” del relato, es decir, los verdugos del capital, Gordon Clapp y Kevin Tighe. Recuerda a una balada folk que nos regala, además, un final memorable. 

American beauty (1999)

  • american_beauty_xlgEstados Unidos
  • American way of life
  • Dirigida por Sam Mendes
  • Escrita por Alan Ball
  • Interpretada por Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Mena Suvari y Chris Cooper
  • 122 minutos

Cuando en 1999 decidían juntar esfuerzos la mordaz escritura de Alan Ball y la elegancia narrativa de Sam Mendes, nadie esperaba que el resultado fuera ‘American beauty’, una auténtica obra maestra con la que cerrar una esplendorosa década de cine. La película era un puñal en el corazón del american way of life, clavado, además, por dos desconocidos con mucho desparpajo que irrumpían con fuerza en el escaparate del séptimo arte.

Mena Suvari y sus pétalos de rosa han pasado a la inmortalidad. Pero no menos que una simple bolsa de plástico bailando al son del viento. El guión de Alan Ball, repleto de matices, es una maravilla. No le andan lejos la fotografía de Conrad L. Hall, la música de Thomas Newman o el estilo de Sam Mendes. Eso sí, en cuanto a elección no hay lugar para la duda: Kevin Spacey, monumental.

Si todavía no han visto esta película, apresúrense. La nostálgica mirada final de Kevin Spacey habla por sí sola. Sus últimas palabras, voz en off, no dejan lugar a la duda. En el camino, la narración ha destripado las miserias del bienestar americano. Una corrosiva, inteligente y sensual instantánea a la sociedad estadounidense de finales del siglo XX.