The Big Sleep (1946)

Howard Hawks: El sueño eterno (The Big Sleep, 1946) Estados Unidos. Cine negro. Escrita por William Faulkner, Leigh Brackett y Jules Furthman. Novela de Raymond Chandler. Fotografía de Sid Hickox (B&W). Interpretada por Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Dorothy Malone, Sonia Darrin y Martha Vickers. 114 minutos.

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En el calor del invernadero, Philip Marlowe recibe un encargo. Suda, bebe, fuma y se agobia con el olor de las orquídeas. El General Sternwood le avisa: their flesh is too much like the flesh of men, and their perfume has the rotten sweetness of corruption. Ya estamos avisados. Así, tan magistrales, son los diálogos que William Faulkner, Leigh Brackett y Jules Furthman emplean para enredarnos en un relato turbio donde los haya. Conocemos los acontecimientos al mismo tiempo que Humphrey Bogart. Y por eso, quizás, andamos igual de perdidos que él. Tanto da. La cuestión es caminar por las calles más miserables de Los Ángeles. De este modo, Howard Hawks lo apuesta todo a la visceral ambientación, a la ágil puesta en escena y al poder de los grandes personajes. Queda en un segundo plano el jugo de la intriga, intencionadamente enrevesada. Destaca la fotografía en blanco y negro de Sid Hickox, encuadrando los rincones angelinos más sórdidos. Brilla, igualmente, el mano a mano entre Bogart y Lauren Bacall. Él sigue encantado de haberse conocido, con buen olfato para la investigación y una labia prodigiosa. Choca con ella, mujer segura, independiente y poderosa. Se agarra, además, a los cánones de la femme fatale para pincelar este romance cargado de misterio, seducción y mentira. La galería de secundarias, por su parte, es formidable: atención a los papeles de Dorothy Malone como sensual librera, a la avispada Sonia Darrin y a la juguetona Carmen Sternwood, una arrolladora Martha Vickers. Como digo, la trama se vuelve relativa. Lo de menos, a estas alturas, es saber quién lo hizo. El juego de espejos que propone Howard Hawks se agarra a la violencia y al amor para recorrer los senderos más pedregosos y turbadores de las relaciones humanas. Se abraza entonces a la corrupción que desprendían aquellas orquídeas para hilvanar una monumental obra del cine negro. 

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To Have and Have Not (1944)

Howard Hawks: Tener y no tener (To Have and Have not, 1944) Estados Unidos. Romance ambientado en la II Guerra Mundial. Escrita por Jules Furthman y William Faulkner. Novela de Ernest Hemingway. Fotografía de Sid Hickox (B&W). Interpretada por Humphrey Bogart, Lauren Bacall y Walter Brennan. 100 minutos.

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Esto no es Casablanca, es Martinica. No estamos en un café, pero sí en un hotel. El pianista sigue animando la velada aunque no se llame Sam. Y la II Guerra Mundial inquieta al personal mientras a él, Humphrey Bogart, todo eso poco le importe. Queda pincelado a la perfección: tipo duro, independiente, de verborrea exquisita y sin concesiones a los cargos de conciencia. Su vida transcurre, lejos del conflicto, entre apacible y amoral: alquila su bote de pesca y se divierte con la compañía de su buen amigo Walter Brennan, alcohólico obsesionado con los picotazos de las abejas muertas. Homenaje, de primer nivel, al valor de la amistad. Pronto descubriremos que detrás de la fachada cínica y cortante de aquel se esconde un buen corazón. El antihéroe que termina en héroe enamorado. Quién se lo iba a decir. 

Es el debut en el cine de Lauren Bacall, slim o la flaca para Bogart. Ella es una femme fatale perdida en la geografía caribeña… y lo acaba de encontrar a él. El idilio salta más allá de la pantalla. Y se nota. Una botella le vale como excusa al cineasta, Howard Hawks, para iniciar un romance que -lejos de la sensiblería habitual- se mueve a base de personalidades fuertes y choques inevitables. Se lucen, en este sentido, Jules Furthman y William Faulkner con unos diálogos espléndidos. Para mí, el subterráneo idilio es lo mejor de una película que te atrapa sin saber muy bien cómo entre conspiraciones y heroicidades. Espectacular la fotografía en blanco y negro de Sid Hickox. Encuadra un buen puñado de escenas memorables, unos diálogos para no olvidar y unas interpretaciones que están a la altura de los personajes a quienes encarnan. Cierran entre todos una película que se convierte, resistiendo al paso de los años, en todo un clásico que poco tiene que envidiar a su hermana mayor, Casablanca (íd., 1942). 

Casablanca (1942)

  • casablancaEstados Unidos
  • Drama romántico
  • Dirigida por Michael Curtiz
  • Escrita por Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch (Obra: Murray Burnett, Joan Alison)
  • Interpretada por Humphrey Borgart, Ingrid Bergman y Paul Henreid
  • 102 minutos

Casablanca es la cuna de románticos, de soñadores, de idealistas. También un punto en el camino de aquellos que tan solo buscan sobrevivir, huir del horror de la guerra y marchar hacia América. Y, por supuesto, lugar de encuentro de miserables nazis, interesados franceses y arribistas mercenarios. En mitad de todo ello se encuentro Rick Blaine, encargado de uno de los más afamados salón de juegos de la ciudad. Luce serio, rehuye de la compañía y se refugia en la soledad, en la bebida y en la música que toca su compañero y amigo, Sam

En ese estado de cosas llegan a la ciudad Isla Lund y Viktor Laszlo, luchando contra la sinrazón. El mundo se caería a trozos sin personas como ellos. Y a trozos se despedaza la mirada de Rick cuando la ve, de nuevo, a ella. Es la melancolía del mejor Humphrey Bogart y la triste belleza de Ingrid Bergman mientras suena ese tema prohibido para Sam, ese que Rick no quería volver a escuchar jamás: As time goes by. Es así como Michael Curtiz hilvana esta preciosa historia de amor, cargada por la emoción del reencuentro y el poder del recuerdo.

Un clásico del cine, repleto de emotivas frases, adornado por una fotografía cautivadora, con unos primeros planos inolvidables y levantado, sobre todo, a partir de la figura de un sentimental Bogart, quien conforma, junto a Bergman, uno de los romances más sentidos de la historia del cine.   

The African queen (1951)

  • the-african-queenEstados Unidos
  • Aventuras
  • Dirigida por John Huston
  • Escrita por James Agee (Novela: C.S. Forester)
  • Interpretada por Humphrey Bogart, Katharine Hepburn y Robert Morley
  • 106 minutos

Enclavada en su contexto, The African queen es una cinta muy meritoria. Principalmente considerando el despliegue visual ejercido por John Huston, cautivador para aquella época. Filmar en color una película de 1951 ya era todo un logro, pero el espectáculo se incrementaba más todavía al disfrutar con la cantidad de vibrantes escenas que ofrecía el hecho de serpentear, rodeados de los mil y un peligros, por un río como el Ulanga.

Los protagonistas de esta frenética aventura son Humphrey Bogart y Katharine Hepburn. Él es un bribón perdido entre la geografía africana. Ella una recta religiosa que lamenta la pérdida de su hermano. Una mala jugada del destino les ha hecho vivir la I Guerra Mundial lejos de casa, ni más ni menos que en el África oriental, rodeados de alemanes que recelan de sus nacionalidades canadiense y británica. Así, en medio de una huida, terminarán por compartir espacio y tiempo a bordo de la Reina de África, una cochambrosa embarcación que se convertirá en la clave de bóveda de este film.

Bogart está deslumbrante. De cerca le sigue Hepburn. Es imposible aburrirse viendo este relato. El director da forma a una película que encaja a las mil maravillas dentro de los cánones que marca el género de aventuras. Tiene un punto de postal africana que quizás le puede sobrar. Y sí, por supuesto que nuestros protagonistas, a pesar de estar en las antípodas, se enamoran perdidamente. La suma de todo, al fin, da como resultado un relato hecho por y para el espectáculo que, en consecuencia, se ve con gusto.   

In a lonely place (1950)

  • in_a_lonely_place_xlgEstados Unidos
  • Cine negro
  • Dirigida por Nicholas Ray
  • Escrita por Andrew Solt
  • Interpretada por Humphrey Bogart y Gloria Grahame
  • 91 minutos 

“I was born when she kissed me. I died when she left me. I lived a few weeks while she loved me.”

En un lugar solitario es muchas cosas. Pero, por encima de todas ellas, resalta una cualidad que, a priori, podría pasar desapercibida. Y es que esto nos lo venden como un thriller, como una historia que contiene la versión intrigante del mejor cine negro. No les falta razón. Un asesinato, un sospechoso y una testigo son las piezas con las que juega Nicholas Ray para, en el fondo, levantar una de las historias de amor más dolorosas que se hayan filmado jamás.

Todo gira en torno al personaje principal, es decir, en torno a un inolvidable Humphrey Bogart en su papel de Dixon Steele. Guionista de profesión, ya hace tiempo que no escribe nada bueno. Vive refugiado en su carácter arisco y temperamental. Es violento. No le asusta ninguna pelea. Cumple, en definitiva, con el perfil de asesino. A fin de cuentas, la muerte de la joven Mildred todavía sigue ahí, pendiente y sin resolver. Pero llegar el amor. Un amor extraño, puede que -incluso- forzado. Da igual, pues es un amor sentido e intenso. Es el sentimiento y la emoción que derrochan Bogart y la estupenda Gloria Grahame, quienes simplemente parecen hacer camino hacia algún lugar solitario. 

Las gotas románticas se diluyen entre la lucha psicológica que alienta ese crimen sin resolver. ¿Habrá sido capaz mi amado de hacer algo así? piensa para sí Gloria Grahame. Es el fragor de la duda. Una batalla colosal entre dos personajes poderosísimos que inquieta sin miramiento alguno. Una película brillante que maneja los tiempos de una manera sobresaliente. Deja frases para la posteridad, escenas de gran calado y, como digo, una historia de amor inolvidable marcada por el sobrio carácter de Bogart.