Per qualche dollaro in più (1965)

  • 600full-for-a-few-dollars-more-posterItalia
  • Spaghetti western
  • Dirigida por Sergio Leone
  • Escrita por Sergio Leone y Luciano Vincenzoni
  • Interpretada por Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Gian María Volonté
  • 130 minutos

In un luogo dove la vita non aveva prezzo, la morte, qualche volta, lo aveva. Per questo comparvero i cacciatori di taglie.” Alguien recita estas palabras mientras, a lo lejos, un hombre cabalga a lomos de su caballo atravesando el desierto. Suena la música de Ennio Morricone, magistral partitura, y se escucha un disparo. El hombre cae de su caballo, abatido por el fuego. Alguien le ha dado caza. Es el prólogo con el que se inicia esta historia de violencia.

Un banco de la ciudad de El Paso se asemeja a un oasis en mitad del caluroso desierto. Allí, sedientos de dinero, acuden unos y otros. Quien primero lo hace es el Indio, un sanguinario bandolero, falto de escrúpulos aunque, contradicción, cargado de remordimientos. Lleva consigo un reloj… y una melodía. Un recuerdo le acompaña en su oscuridad. Y dos sombras le acechan. Son Mortimer y el hombre sin nombre. Ambos buscan su cabeza, obtener su recompensa. Están pincelando de esta manera un lienzo visceral. Los instintos más puros arrecian con fuerza para hilvanar un triángulo de violencia tan extrañamente cautivador. 

Sergio Leone continua escribiendo su particular poesía. Los versos veneran al dólar y a la muerte. Las imágenes se regodean en los primeros planos, en las desafiantes miradas y en la gracia con la que estos hombres desenfundan sus armas. El personaje de Mortimer, además, le añade una pizca de intriga a esta representación. Y es que Lee Van Cleef nos hiela la sangre en un final sobrecogedor con el que Leone simboliza la capital importancia de la venganza en este relato. No solo el dinero conduce a la muerte, viene a decirnos el cineasta. El choque emocional entre Gian Maria Volonté y Van Cleef le otorga, pues, un punto de grandeza a esta descorazonadora historia.     

La figura de Clint Eastwood, en cambio, vuelve a representar la esencia del cine de Sergio Leone en esta trilogía del dólar. Es la violencia desinteresada. Un poncho raído, una mirada áspera y un sombrero que profetiza el adiós del adversario son sus señas de identidad. Y esta, “quando devo sparare, la sera prima vado a letto presto,” su máxima existencial. El hombre sin nombre rinde pleitesía a la estética de la violencia. Un film transgresor, bañado en el salvajismo más primitivo, que vuelve a convertir a este último en un estruendoso espectáculo.

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Per un pugno di dollari (1964)

  • perunpugnodidollari2014Italia
  • Spaghetti western
  • Dirigida por Sergio Leone
  • Escrita por Sergio Leone, Víctor Andrés Catena y Jaime Comas Gil
  • Interpretada por Clint Eastwood, Gian Maria Volonté y Marianne Koch
  • 95 minutos

El desierto se agranda. Caminamos a través de él sin saber lo que sigue, lo que nos espera. Pronto aparece un misterioso hombre a lomos de su caballo. ¿De dónde viene? Tiene una mirada temible. Un poncho le da abrigo, un sombrero alicaído esconde su fría expresión y un cigarro se perpetua entre sus labios. Alza la cabeza y observa a su alrededor. Ve a un niño llorar desconsolado. Ve ante sí un pueblo decrépito. Y se adentra en él… buscando trabajo, dinero y, faltaría más, problemas con los lugareños. 

¿Quién es ese tipo? Nadie lo sabe. No tiene nombre. No tiene pasado. Poco hablador y admirador de los monosílabos, una de las pocas oraciones que alcanza a decir define su idiosincrasia: “When a man’s got money in his pocket he begins to appreciate peace.” Mientras, los Rojo y los Baxter, dos familias enfrentadas, luchan por un mismo territorio. Ambas buscan dominar cada esquina de ese mísero pueblo perdido en la frontera mexicana. Unos trafican con alcohol; los otros, con armas. Él simplemente está en mitad de la acción, rentabilizando sus movimientos, trabajando para ambos bandos… “Why are you doing this for us?” le preguntan de uno y de otro lado. La respuesta es obvia, “five hundred dollars.” Sin embargo, aparece Marisol, esa hermosa mujer, agitando todavía más el ambiente del pueblo. ¿Por qué un tipo sin escrúpulos decide ayudar a esa familia, a esa mujer, a ese chiquillo? “Because I knew someone like you once and there was no one there to help. Now, get moving.” Un mismo interrogante, dos respuestas distintas. Es el único atisbo de humanidad que se percibe en él, la única sombra de ese idealizado justiciero que parece ya no estar. 

El cineasta italiano transgredía con esta historia inspirada en un trabajo anterior de Kurosawa. La conquista del oeste, tan edulcorada en las historias que provenían de los Estados Unidos, era pincelada ahora con un salvajismo impropio. Aquel justiciero, aquel hombre de ley que defendía sus valores, sus libertades, sus tierras frente al “salvaje indio” (todo era, como ven, muy cívico) quedaba ahora desdibujado del mapa. Aquellos bandoleros sin escrúpulos a los que el sheriff siempre ajusticiaba, aquellos miserables se convertían, desde ya, en los protagonistas del cine de Leone. Sí, el hombre sin nombre es un ser errante, sin moral. Un antihéroe. Un pistolero que asesina a sangre fría “por un puñado de dólares.” Muere gente de bien sin motivo alguno. Todo queda bañado de sangre. Las frías miradas se encuentran y se retan en mitad del desierto. Un mano a mano servido en base a primerísimos planos. La respiración se contiene mientras esperamos contemplar quién es el más rápido. Es el mundo de la violencia inundando los rincones del séptimo arte.

Y guste o no al espectador, eso es lo que vende Sergio Leone. Convierte la violencia, rechazada moralmente en cualquier lección de ciudadanía, en un objeto de placer, de atracción. Los palos que le han caído desde entonces a Leone no han sido pocos. Su cine, para qué engañarnos, no es un cine intelectual, pedante ni filosófico. Busca simplemente hurgar en los instintos más básicos del público escapando de cualquier atisbo de moralidad. Recurre a un recurso -la violencia- al que, en realidad, muchos otros han recurrido. ¿Acaso Anthony Mann no se sirvió de ella? O nuestro entrañable Tarantino (reconocido feligrés del cineasta italiano), ¿no hace lo propio rodeado de gángsters? Son dos ejemplos de una lista extensísima de directores en la que Sergio Leone brilla con luz propia. Él se sirve del far west para reivindicar la estética de la violencia. Los largos silencios, la falta de escrúpulos y la rudeza que todo ese paisaje desierto parece transmitir. Es un mundo infame plasmado tan maravillosamente por Leone.

You’ll get rich here, or you’ll be killed. Juan De Dios tolls the bell again,” Es la dicotomía a la que todo hombre se enfrenta en ese polvoriento pueblo. Y él lo tiene claro. Nuestro hombre sin nombre solo está allí de paso, dispuesto a brindar un sonoro y violento espectáculo con el que insuflar oxígeno a un género, el western, que comenzaba a dar síntomas de fatiga. Con esta película, Per un pugno di dollari (1964), el spaghetti western alcanzaba una resonancia mundial. Eran muchas cosas en tan poco espacio. Era historia viva del cine. Y pocos de los que allí estaban lo sabían. Este film daba inicio, a pesar de la escasez de medios con la que contaba, a la que fue bautizada como “la trilogía del dólar.” Y con esta llegaban para quedarse tres nombres propios de la historia del séptimo arte: Clint Eastwood, Ennio Morricone y Sergio Leone.