Roma città aperta (1945)

Roberto Rossellini: Roma, ciudad abierta (Roma città aperta, 1945) Italia. Obra capital sobre la libertad, vanguardia del neorrealismo italiano. Escrita por Roberto Rossellini, Federico Fellini y Sergio Amidei. Interpretada por Anna Magnani, Aldo Fabrizi, Marcello Pagliero y Francesco Grandjacquet. Fotografía de Ubaldo Arata. 97 minutos. 

roma-città-aperta-640En 1945 Roberto Rossellini le da un giro sin igual a la historia del cine. Hay un antes y un después del estreno de esta película. Los estudios de cine italianos, igual que gran parte del país, han quedado devastados por la II Guerra Mundial. Están tiesos, pero la gente de por allí tiene muchas historias que contar. La economía queda suplida por la creatividad: el cineasta recorre las calles de Roma con naturalidad, sin adornos ni recreaciones. Se aleja de los grandes estudios y de las fastuosas producciones. Quizás esto es lo que le distingue de sus compañeros de la otra orilla atlántica, John Ford (The Grapes of Wrath, 1940) y Charles Chaplin (City Lights, 1931).

Él quiere captar el alma de la ciudad, tal como esta es. Y así, sentimos el agobio de vivir entre miserias y penas: a la ocupación nazi le acompaña el hambre… Anna Magnani resume todo ello mejor que nadie a través de Pina, uno de los mejores personajes de la historia del cine. Encarna la supervivencia, la solidaridad, el afecto y, en definitiva, la humanidad que atesoran las personas hasta en los momentos más desesperantes. Es una pincelada fina en medio de un paisaje borrascoso. La otra carta ganadora de Rossellini es Don Pietro, interpretado tan emotivamente por Aldo Fabrizi. Él, cura partisano, simboliza la esperanza que el cineasta esconde entre tanta tristeza: es un canto por la libertad.

Todos los personajes de la trama, perfectamente pulidos, atesoran una idiosincrasia que alienta la intensidad emocional: a la integridad y bondad de la resistencia italiana se le opone la desfachatez nazi, esa destapada por las palabras de un alto mando tan embriagado como lúcido… solo han sembrado dolor con su creencia de superioridad, la Europa de los cadáveres. El cineasta se acoge a la melancólica fotografía de Ubaldo Arata, mientras cimenta un guion icónico -escrito junto con Federico Fellini y Sergio Amidei– acerca de la dignidad humana. Una película, aun en su sencillez, monumental.  

Noi lottiamo per una cosa che deve venire, che non pùo non venire. Forse la strada sarà un po’ lunga e difficile, ma arriveremo e lo vedremo un mondo migliore, e lo vedranno soprattutto i nostri figli, Marcello, e lui, quello che aspettiamo. Per questo non devi avere paura, mai Pina.

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