The kid (1921)

  • the-kid-movie-poster-1921-1020258660Estados Unidos
  • Comedia dramática
  • Dirigida por Charles Chaplin
  • Escrita por Charles Chaplin
  • Interpretada por Charles Chaplin, Jackie Coogan y Edna Purviance
  • 51 minutos

Era el año 1921 cuando Charles Chaplin cautivaba al gran público gracias a esta preciosa película, El chico. Nada más comenzar, el británico ya advertía de sus intenciones: A comedy with a smile and perhaps a tear. Es el inconfundible estilo de Chaplin, ese que conjuga a la perfección su lado más cómico con el dramatismo más sincero.  

Una madre que no quería serlo abandona a su hijo en una limusina de lujo. Sueña con que el muchacho tendrá una vida mejor, y así lo deja escrito en un papel: Please love and care for this orphan child. Lo que no sabe es que al pobre muchacho lo terminarán por abandonar una pareja de ladrones en uno de los barrios más humildes de la ciudad. Al niño lo encontrará Chaplin, y él lo amará y lo cuidará. Comprobaremos, de esta manera, cómo es vivir en la pobreza, cómo es sonreír frente a la adversidad. Y como, además, el cariño y el afecto sirven para escribir poesía aun en el lugar más miserable del mundo. Inolvidable, en este sentido, el revoltoso Jackie Coogan

Las andanzas de esta enternecedora pareja revelarán el poder de la picardía -muy graciosa su forma de ganarse la vida- y la fuerza del amor verdadero. La estupenda Edna Purviance, la arrepentida madre convertida ahora en estrella teatral, pondrá, al final, la sonrisa que el maestro nos había prometido. Una historia llena de emoción, de vida, de ilusión.      

Anuncios

City lights (1931)

  • Luces_de_la_ciudad-411568443-largeEstados Unidos
  • Romántica
  • Dirigida por Charles Chaplin
  • Escrita por Charles Chaplin
  • Interpretada por Charles Chaplin y Virginia Cherrill
  • 87 minutos

Andar por las aceras de la ciudad. Y encontrarse, de repente, con una chica guapísima. Una chica de la que enamorarse. Es lo que le sucede a Charles Chaplin con Virginia Cherrill. Él es un náufrago en la ciudad, y ella una pobre ciega que sobrevive vendiendo flores. Aun en su pobreza, en su desconsolada existencia, podría decirse que ellos son las luces de la ciudad a las que evoca el título. Sin embargo, ella cree que él es rico. La ayuda, le compra flores y le promete no solo sacarla de la pobreza, sino también devolverle la vista. Además, siempre que se cruza con él… hay un coche de por medio. ¿Quién, si no fuese rico, se podría permitir un coche? El inocente vagabundo, con tal de sentir su compañía, le hará creer a aquella que todo es cierto, que él es un acaudalado millonario. 

El bondadoso Chaplin, sin embargo, tan solo tiene riqueza en el corazón. La compañía nocturna de un millonario borracho (genial la bipolaridad de este), un combate de boxeo, unos días como barrendero y hasta un paseo por la cárcel. Lo que sea con tal de agradar a su chica, esa de la que está tiernamente enamorado. Así, las risas y las lágrimas se acompasarán entre sí. El maestro se mofa del dinero, de la vida material y antepone el sentimiento por encima de cualquier otra cosa. Es su declaración de guerra, aun en plena depresión, aun en los grisáceos años treinta. El amor como remedio de la pobreza.

Chaplin está fabuloso. Y Cherrill luce estupenda. Los dos le dan forma a esta oda al amor ciego. Un tesoro de afecto y gratitud, de tapizado interclasista, que nos regala una escena final maravillosa, imposible de olvidar. Los ojos de ella, finalmente, logran ver. Y allí no aparece un príncipe azul. Su lugar lo ocupa un vagabundo, más vencido por la vida que nunca. Es la ironía de esta última… a veces, quien menos tiene es quien más da. Pura emoción. Obra maestra.    

Limelight (1952)

  • Poster - Limelight_01Estados Unidos
  • Drama romántico
  • Dirigida por Charles Chaplin
  • Escrita por Charles Chaplin
  • Interpretada por Charles Chaplin y Claire Bloom
  • 145 minutos 

“What a day! The sun’s shining, the kettle’s singing, and we’ve paid the rent.”

El cine avanza, se transforma, se renueva, innova. Desde su nacimiento hasta la entrada del nuevo siglo, mil cosas le han sucedido al séptimo arte. Y, sin embargo, echar la vista atrás sirve para comprobar que ya no se hacen películas tan bonitas como Candilejas. El maestro Charles Chaplin había entrado sin ningún tipo de problema en la etapa sonora del cine. El bigote había desaparecido y con ello gran parte del carisma del fabuloso Charlot. Sin embargo, un artista es un artista, parecía querer decir el autor con esta estupenda película.

Claire Bloom ha perdido la esperanza, ya no cree en la vida. Todo le parece fútil, incluso la hermosura de una rosa. Después de coquetear con el suicidio, se encontrará con su ángel de la guarda, con Charles Chaplin. “¿Cómo que no le encuentras el sentido a la vida?… ¡la vida es deseo, no sentido!” le espeta Calvero, un cabaretero crepuscular que añora la gloria de los viejos tiempos. En ellos germinará una historia preciosa. La amistad brindada por este hombre, junto con sus emotivos sermones vitalistas, terminarán por derivar, cosas de la vida, en un romance inolvidable… ¡qué gusto da presenciar cómo florece la emoción y el sentimiento en la figura de Terry! Quedan frases para la posteridad, también sutiles alegatos lanzados entre bailes y chistes. Y, por supuesto, escenas inolvidables. 

Candilejas es magia, es ensoñación, es fantasía. Y, sin embargo, no deja de ser una fábula terrenal, no deja de pisar el suelo en todo momento. “Existe algo tan inevitable como la muerte… y es ¡la vida!” dice Chaplin sumido en un melancólico, qué contradicción tan bien plasmada, vitalismo. Te saca así una sonrisa, te emociona con esta historia de errantes y náufragos que se ayudan mutuamente, infatigables y soñadores. Se respira tranquilidad en ella mientras esperas que llegue el presagio anunciado: “Time is the best author. It always writes the perfect ending.”