The Getaway (1972)

Sam Peckinpah: La huida (The Getaway, 1972). Estados Unidos. Violenta road movie. Escrita por Walter Hill conforme a la novela de Jim Thompson. Interpretada por Steve McQueen, Al Lettieri y Sally Struthers. 122 minutos. 

Doc McCoy cumple diez años de condena. No quiere ni pensar en ello. Está desesperado, frustrado. Necesita la condicional, salir. Enfrente suya está Jack Benyon. Él tiene la llave. Steve McQueen, por su parte, tiene su reputación, su nombre. Los mafiosos se lo rifan: con él, el golpe está asegurado. Ben Johnson lo sabe… y tiene un plan. El as en la manga es Ali MacGraw, sofocando, menuda contradicción, los incendios provocados por su marido. Estupenda historia de amor (imposible). Así es como se orquesta todo. Irrumpe uno de los peores villanos de la historia del cine, Al Lettieri (en su tiempo, Sollozzo El Turco), y su misógino romance con la explosiva Sally Struthers. Llega el golpe, el botín (500 mil dólares) y las verdades a medias. Carol McCoy nos cautiva revólver en mano: ha elegido a su chico. Y entonces llega la persecución… y la huida. El Paso aparece como el final del camino. La novela de Jim Thompson cae en manos de Walter Hill, maestro de la acción. Los últimos cuarenta minutos son terreno vedado: pertenecen a otro maestro, Sam Peckinpah. La cámara lenta se impone en las escenas de acción. Las persecuciones en coche se suceden. Y la mugre, lo cochambroso nos invade: impecable la escena del camión de la basura. El director camina hacia la desesperanza. Entregado a la violencia, a la vida en el alambre. Sufren sus personajes, sufre McQueen, sufre MacGraw. La Huida es tierna y violenta, enternecedora y sangrienta. No hay héroes en ella. Tampoco modelos a seguir. Mi película favorita de Peckinpah. Queda así un título memorable de los setenta. Y quedan veintidós años para que Tony Scott, Quentin Tarantino, Christian Slater y Patricia Arquette les rindan un fabuloso homenaje: True romance.  

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Somebody up there likes me (1956)

  • somebody_up_there_likes_me_xlgEstados Unidos
  • Biopic
  • Dirigida por Robert Wise
  • Escrita por Ernest Lehman
  • Interpretada por Paul Newman, Pier Angeli, Eileen Heckart, Sal Mineo y Steve McQueen
  • 113 minutos

Rocky Graziano es la figura que colapsa este relato. No era fácil la tarea para el guionista, un reputado Ernest Lehman, a la hora de sintetizar la larga y penitente vida del púgil de ascendencia italiana. Con todo, la cosa queda resultona. Desde su miserable niñez hasta su delincuente juventud, en cada paso dado por el cineasta, Robert Wise, se va perfilando el singular carácter de Rocco Barbella.

Paul Newman luce espectacular. El odio interior que oxigena su sangre se plasma en una interpretación cautivadora. Su indomable perfil, cargado de rebeldía y contestación, no encuentra acomodo en ningún lugar: ni en su hogar, con la figura de un desamparado padre; ni en el ejército, lleno de órdenes y jerarquía; ni en su barrio, aficionado a delinquir junto a sus amigos de toda la vida. Fortuna o no, Graziano tenía un don, pues sabía golpear al adversario. La violencia diaria que le acompañaba terminó por plasmarse en el cuadrilátero.

La penitente Eileen Heckart, madre de Rocky, pone la primera piedra del camino hacia el éxito. El boxeo siguió formando a Newman para que, finalmente, una estupenda Pier Angeli domesticara a su antojo a tan temperamental personaje. El combate por el campeonato mundial supone el cierre de un film que, como otros tantos más, encuentra en el mundo del boxeo la salida de la marginalidad. Esta, en esencia, se impone a lo largo de todo el metraje. El Nueva York de la periferia se plasma en las sucias aceras, en la humildad de las viviendas, en el trágico destino de figuras como la de Sal Mineo o un jovencísimo Steve McQueen.   

Un relámpago, así es esta película. Problema tras problema, pelea tras pelea, así se forja la leyenda de Rocky Graziano. Un agitado Paul Newman para una interpretación de altura en un biopic más que meritorio.